Desafíos y potencial del Bío Bío en el aporte al logro de los ODS para el 2030

02 de Octubre 2020 | Publicado por: Natalia Quiero
Fotografía: Archivo | Diario Concepción

Se cumplieron 5 años desde la adopción del conjunto de propósitos globales para asegurar prosperidad de la humanidad, desde la unión de esfuerzos de las naciones, según trabajo en sus realidades.

En 2015, los líderes de los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptaron un conjunto de propósitos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para toda la humanidad. Son los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), cada uno con metas específicas, que deben alcanzarse al 2030 y en septiembre cumplieron cinco años de desarrollo.

Chile suscribió al compromiso y generó sus propias líneas de acción y políticas públicas con este fin a nivel estatal, así como también se han unido al desafío otras entidades del mundo público, privado y de la sociedad civil. Ese es el mensaje e invitación de la ONU: el logro sólo será posible mediante el trabajo mancomunado de las naciones y sus distintos actores sociales en relación a aquello que como problema u oportunidad hay en su territorio.

Retos y oportunidades

La magnitud o manifestación de las problemáticas y las fortalezas para avanzar son variables según la zona que se mire, pero el paradigma a la base de los ODS es que “ya no podemos creer ni vivir como si sólo tuviéramos problemas particulares o desvinculados de la realidad global, y pensar que sólo eso nos va a impactar”, sostiene Emma Chávez, directora de Innovación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Todos habitamos el mismo mundo, en un contexto de calentamiento global, cambio climático y ahora crisis sanitaria que, de una u otra forma, a todos afecta.

En la pandemia de la Covid-19 está reflejado ello. En enero y febrero en Chile se veía a la Covid-19 como algo lejano, que ocurría en otras latitudes, “pero en marzo la emergencia era parte de nosotros. En los ODS es lo mismo”, apunta. Un planeta que hay que proteger y propósitos enfocados en problemas presentes en todos los países, por tanto “tenemos que responder al llamado universal de terminar con las brechas y dar soluciones a todas las materias que consideran los 17 ODS”, reflexiona.

Los énfasis y posibilidades tienen limitaciones o urgencias según la realidad particular, no todos pueden aportar en cada aspecto, pero por eso es tan necesaria como posible la contribución de todos los integrantes de la sociedad, añade por su parte Sofía Valenzuela, doctora en Recursos Naturales, subdirectora del Centro de Biotecnología y profesora titular de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción. Uniendo cada esfuerzo se obtienen los grandes resultados y eso es lo que se espera de los propósitos que, aunque parezcan muy distintos y desvinculados, están virtuosamente encadenados como lo están todas las acciones en pos de ellos que se hacen en todo el mundo.

Y la Región del Bío Bío puede y tiene mucho que aportar para avanzar. Esta convicción radica en que, si bien ambas coinciden en reconocer acciones y avances en aspectos que competen a los ODS, también en que hay mucho por hacer, pero sobre todo que existe gran potencial. Ello no sólo se explica en que es una zona con un gran papel del sector productivo e industrial que desde sus prácticas y decisiones podría unirse a la causa o robustecer los esfuerzos de cara a los objetivos que le competan, sino también porque es una región universitaria, con gran cantidad de centros de investigación alojados en las casas de estudio superiores y de capital humano avanzado, de expertos, que pueden aportar con su conocimiento y quehacer.

Las acciones por los ODS y el impacto de no firmar “Escazú”

Al pensar en las debilidades a nivel regional, Emma Chávez reconoce que “son varias las brechas que tenemos respecto a los ODS, donde a la base están las temáticas de salud y bienestar, educación de calidad e igualdad de género (3, 4 y 5)”.

Pero, releva como grandes retos regionales “los ODS 9 y 11, relacionados a innovación en infraestructura, y ciudades y comunidades sostenibles”. Aunque en ello también se ven grandes oportunidades de la mano del potencial de la Región. Misma situación que destaca en los objetivos que se refieren a energías asequibles y limpias, reducción de desigualdades, vida submarina y de ecosistemas terrestres.

Acciones

Como región universitaria, la academia tiene mucho que hacer, porque hay capacidades, asevera. Complementando, la doctora Sofía Valenzuela, académica UdeC, cree que la revolución será cuando los ODS estén en el ADN del quehacer de los centros educativos y de la investigación.

Piensa que es una buena idea que “en los proyectos de investigación se identifique cómo contribuyen en los objetivos”, ya sea que acorte las brechas de género al incorporar a más mujeres en los equipos o porque el resultado apunta a dar solución a alguna problemática, por ejemplo. En virtud de ello podría ser útil que se plantee como requisito al postular los proyectos, pero si bien reconoce que la obligatoriedad funciona como impulso para mejorar prácticas, lo ideal sería que se trate de una inquietud genuina.

Para ello sabe que se requiere un profundo cambio de conducta. Y consciencia. Eso hace imperante trabajar en las esferas más íntimas, educando y sensibilizando a la ciudadanía. “Así como nos falta avanzar en los ODS, también en que la sociedad conozca y entienda qué y cuáles son, y que así se empodere y sepa cómo aportar desde sus propias acciones”, asevera la doctora en Recursos Naturales.

El trabajo, idealmente, debe comenzar en las etapas tempranas, integrando estos objetivos a los currículums escolares, pero también hay que promover instancias de difusión a escuelas, barrios y propios hogares. Lo anterior es un ingrediente infaltable en la fórmula de la necesaria transformación sociocultural que permea todos los procesos en pos de los ODS, con horizonte a que llegue el momento en que ni en el Bío Bío ni en el país se conciba una acción ni el desarrollo si no está en sintonía con los ODS. Y no por obligación, sino que por convicción.

¿Qué pasa con Escazú?

Y entre potencialidades, brechas y retos, la negativa de Chile a firmar el “Acuerdo de Escazú” el pasado 26 de septiembre, junto con ser mala noticia para el medioambiente y las comunidades, puede sumarse a lo que poco favorece en los 17 ODS, teniendo un específico vínculo con el número 16, según plantea el abogado Pedro Cisterna, máster en Derecho Ambiental y Cambio Climático e investigador del Programa en Derecho, Ambiente y Cambio Climático de la UdeC.

No suscribir al tratado, del que sostiene que paradójicamente el país fue uno de los promotores, de la mano de un discurso y agenda alineada al cuidado del medioambiente, se puede traducir en diversos perjuicios y configura nuevos retos en un contexto mundial de cambio climático y severas problemáticas ambientales, que también están integrados como temas en los ODS. Y ahora la pandemia.

Para comprenderlo, explica que el primer tratado ambiental para América Latina y El Caribe, establece compromisos y da especial atención por asistir a la población más vulnerable de la región -ya sea en términos de pobreza, frente a los efectos al cambio climático o porque están en lugares ambientalmente desprotegidos- para su participación en la toma de decisiones, promover el acceso a la información y mejorar los canales de acceso a la justicia (en temas ambientales)”.

En efecto, Cisterna aclara “que el Acuerdo es sobre cuestiones procedimentales, es decir, los medios para lograr un fin que, en este caso, es asegurar cierto tipo de derechos”, como el acceso a información, participación pública y justicia. No suscribir y que no haya medios para acceder a dichos derechos afecta su ejercicio: por ejemplo, una comunidad afectada por un conflicto ambiental o contaminación podría no poder reclamar ni participar según sus requerimientos en las soluciones. Consecuentemente, “también repercute en el logro de los ODS”, apunta.

Ante esto, en un planeta en plena crisis sanitaria que ha agravado muchos problemas sociales, el actuar interno, las políticas públicas en este ámbito, es la solución y reto.

Sobre esto, el investigador considera relevante, primero, que como nación y tomadores de decisiones “haya claridad de que estamos en un contexto global de un proceso de emergencia climática que requiere mayores compromisos y medidas para dar soluciones a la problemática, y sobre todo para proteger a aquellos que no tienen los medios suficientes para lidiar con los efectos del cambio climático”.

Un fenómeno al que Chile, por su diversa y accidentada geografía de norte a sur y de cordillera a mar, los expertos definen como uno de los países más vulnerables del mundo a sufrir con gravedad sus impactos. De hecho, hay eventos atribuidos al cambio climático que son una realidad y también en zonas del Bío Bío, donde hay muchas comunidades afectadas por la megasequía y falta de agua para sus actividades y consumo, repercutiendo en su calidad de vida y bienestar.