Iglesia, Obispos, Osorno
18 de Abril 2018 | Publicado por: Diario Concepción
Señor Director:
En atención a lo que ocurre con el terremoto de la Iglesia institucional en cuanto a la jerarquía y la lucha del movimiento osornino. Felicitar a la comunidad de creyentes de Osorno, pueblo de Dios, que supo poner el tema denunciando a Juan Barros , cuando nadie daba crédito a sus interpelaciones, cuando la mayoría de los obispos cerraban filas en favor del círculo de Karadima, hasta ser ofendidos por el mismo Papa Francisco, así como cierta mayoría de laicos en la Iglesia local, que cerraron sus ojos, incapaces de discernir y ponerse al lado del pueblo sufriente que luchó y siguen luchando por esta imposición del Obispo Barros, encubridor de abusos sexuales. Que tras la venida del obispo de Roma, fueron objeto de burla y perseguidos para anular sus acciones tanto por la misma institución y por la policía que no les dejaba tranquilos. Aun así no lo lograron, gracias a Dios.
Como laica católica no me cabe más que felicitar a mis hermanos en la Fe, por su tesón y constancia de hacernos ver que el reinado de Dios no puede ni será posible si nos mantenemos en silencio frente abusos de poder y de carácter sexual. Dónde no se puede validar la palabra de nuestro Señor cuando se actúa en la oscuridad como se ha desenvuelto hasta hoy la mayoría de la jerarquía episcopal. Que nada será distinto si nuestro obispos no dan un paso al costado, en referencia a la Comisión permanente del Episcopado , primeramente, luego obispos involucrados y pertenecientes al círculo de Karadima, esto debe suceder antes del encuentro con el Papa en el Vaticano, además tienen la obligación moral de resolver los problemas que a todos nos atañe de modo urgente, en transparencia a la luz de Jesucristo, sino será un solo una alerta de terremoto que no va a pasar más allá que un mera admonición.
Además, pongo en la mesa, haciendo notar, los serios problemas y graves en la conducción episcopal ajena a lo que significa el Magisterio Supremo de la Iglesia que es y sigue siendo el Concilio Vaticano II, con su Eclesiología del Pueblo de Dios, y del llamado a que los obispos y los sacerdotes sean servidores reales del pueblo y no sus “jefes”.
Como ya saben, un obispo que no sirve así al Pueblo de Dios, no sirve de nada y debería renunciar a su cargo. Sobre todo en la nueva toma de conciencia por parte del Papa Francisco respecto a la conducción episcopal en la Iglesia chilena.
Mantengo viva la Esperanza, consciente de que y el Espíritu sopla para esos cambios radicales a fin de que la Iglesia pueda ser realmente confiable, un signo de la presencia del Espíritu del Resucitado.
Carol Crisosto Cádiz
Diplomada en Estudios Religiosos. Laica católica ligada a los ss.cc. Concepción