Política

El incierto rumbo de la UDI tras cumplir 50 años

Lo de los “coroneles” no da para más. Los asuntos valóricos chocan contra las demandas ciudadanas. La “UDI popular”, de campamentos y poblaciones, ahora debe atender a la clase media, que presiona por más derechos y libertades. Incómoda situación para una tienda conservadora, que llegó a tener 90 mil militantes y ahora apenitas supera los 40 mil. Que de 40 diputados cayó a 29. Que se resiste a admitir el quiebre interno y que se empecina en seguir guardando apariencias, lo que hoy equivale a barrer en el agua. Todo esto, sin contar siquiera el efecto Penta y Soquimich que golpeó a sus históricos dirigentes. ¿Qué rol podría jugar en un eventual gobierno de Piñera?

Por: Luz María Astorga | 03 de Septiembre 2017
Fotografía: Agencia UNO

Antes, los aniversarios del gremialismo se hacían notar. Al cumplir 20 años, en 1987, la fiesta fue en El Parrón de Providencia. Sus militantes escucharon ahí –y “con devoción”, según el historiador Gonzalo Rojas- a Jaime Guzmán, quien dijo, entre otras cosas: “Representamos uno de los movimientos generacionales más gravitantes gestados en Chile”… “Somos servidores siempre imperfectos de principios conceptuales sólidos y valores morales objetivos y graníticos. Por ello nos detestan virulentamente nuestros muy variados adversarios; nos detestan porque nos temen y nos temen porque nos saben irreductibles”.

El Parrón desapareció. No vive Jaime Guzmán. Y la Udi no es “irreductible”. Tuvo 90 mil inscritos y bajó a 40 mil. Eligió 40 diputados (en 2001 cuando fue el partido más votado, dejando atrás a la DC), y ahora tiene 29. De la casona de calle Suecia ha visto partir dirigentes, parlamentarios y militantes de largo tiempo. Unos, como José Antonio Kast, volaron para emprender como independiente. Otros, como Felipe Kast, para dar forma a otro partido –Evolución Política, Evópoli- que tiene poco más de 20 mil inscritos a menos de dos años de constituido, o sea, es ya como la mitad de la Udi. Están, también, los que se marginaron frustrados, luego de años a la espera de un espacio de liderazgo y poder prometido en una UDI renovada que nunca llegó: Darío Paya, Marcela Cubillos y Rodrigo Álvarez, entre otros.

Por estas cosas y muchas más, los 50 años del gremialismo se celebraron el jueves pasado en el Camus Oriente de a UC, y fue nota pequeña al pie de una página par de LT, con fotito a una columna de Cristián Larroulet.

Estuvieron presentes gremialistas de siempre y, como es tradicional, el historiador Rojas que, en su columna de El Mercurio anticipó ese día: “Es una pena, (esta noche) no estarán todos los que fueron parte de nuestro proyecto. Unos se han rendido a la eficiencia, cambiaron la foto de Guzmán por la de Piñera, prefieren los resultados sobre las virtudes. Están en todo su derecho, por eso mismo no estarán presentes”.

Ese jueves llegaron hasta el campus además otros personajes, como el primer presidente del gremialismo de la Feuc, Ernesto Illanes. Y el ex presidente de la misma federación, Jaime Bellolio, hoy diputado en lista para reelección y, quizá, la mayor piedra en el zapato de la directiva que encabeza Jacqueline van Rysselberghe, con su círculo de tres puntas: Víctor Pérez, Gonzalo Cornejo y el secretario general del partido, Pablo Terrazas.

Es que ahora, quizá como nunca, la UDI chapotea en tierras pantanosas donde, a la espera del resultado electoral de noviembre, podrá mantenerse en pie, pero después … “Después”, dice Bellolio, puede pasar cualquier cosa. “Después”, sostiene Marco Moreno, decano de Ciencia Política de la U. Central, “más temprano que tarde veremos un cisma, tal como ha sucedido en otros casos”. Comenta:

-Todos los partidos se alejaron de los ciudadanos porque se han gubernamentalizado: el único objetivo que los mueve es estar en el Gobierno, defender sus intereses. Dejaron de representar a la gente. Esto los hizo perder poder, se han ido disminuyendo. Pero siguen siendo manejados por pequeñas oligarquías que tienen el control del aparato. En la UDI, los “coroneles” y ahora esta segunda línea representada por JVR, que sigue teniendo el control. Y no se ha producido un recambio; sigue la pugna entre lo viejo y lo nuevo, propio de una transición. En el PS, con Álvaro Elizalde se dio un golpe de poder, un cuadrillazo, y en ese ejército los sargentos desplazaron a los coroneles. Quizá había pasado algo parecido de ganar Bellolio.

Agencia UNO

Portazos van…
Portazos vienen

Lo concreto: en la casona de Suecia la convivencia está cada día más espesa. Así lo viven al menos los militantes de mirada crítica y los que acompañaron en su fallida campaña a Bellolio, el ingeniero de 37 años, que perdió por paliza frente a Jacqueline van Rysselberghe en diciembre, cuando por primera vez se eligió con “un militante, un voto” … aunque marcaron solo unas 6 mil personas, en medio de un ambiente crispado y de campañas abiertas y soterradas.

JVR se impuso por 62,4%. Al día siguiente, cuenta el derrotado, “me planteé mi nuevo rol: contribuir con las ideas que teníamos. Me acerqué y ¿cuál fue la respuesta? Que no nombrarían a nadie de la lista contraria. Fue una señal súper clara”. De ahí en adelante, portazos han ido, portazos han venido.

“Los coroneles siguen vivos”, tituló la QP por esos días en que la idea de “renovación” de liderazgos se fue al tacho. JVR, siquiatra de 52 años, resulta una figura refrescante para algunos, mientras otros la ven solo escogida por Juan Antonio Coloma, con respaldo del resto de los “coroneles”, Andrés Chadwick, Pablo Longueira y Jovino Novoa.

Un paréntesis: como esta historia tiene muchas puntas, no podemos seguir sin recordar que a diciembre pasado ya se había vivido en la tienda el peor momento de la crisis por SQM y Penta, que afectó a Novoa y Longueira y que a ojo de analista político, tumbó a la UDI, mientras nacía un robusto Evópoli, que no tuvo inconveniente en juntar rápidamente las firmas necesarias para su inscripción. Y los “coroneles” habían optado por el silencio y bajo perfil.

“La democracia funciona”

Esa es la lectura de los “disidentes”. La del “oficialismo”, que no conseguimos directamente de JVR, pero sí del ex alcalde, diputado por la VIII Región ya en su cuarto período y en lista para la reelección, Iván Norambuena:

-Lo primero es que no voy a dramatizar respecto de la elección de la última directiva, porque se zanjó de la mejor manera, en forma democrática y ha funcionado bastante bien.

-Pero existe una corriente menos conservadora de militantes que quieren acceder al poder en el partido y que, de una manera u otra, no lo han conseguido. José Antonio Kast renunció por eso, el año pasado, ¿no?

-Yo lo que veo es un partido entero, absolutamente fortalecido después de la elección interna, y además con buen trabajo desde el punto de vista político en vísperas de las elecciones. Y con respecto a personas que han optado por un camino distinto, es respetable, pero si se fija, pueden ser valiosas, pero son muy pocas. No me quiero ubicar en eso de que existen corrientes; nosotros tenemos una muy buena relación entre todos. En ciertos temas pensamos distinto, pero además tenemos la libertad para tomar ciertas decisiones respecto a temas que pueden ser opinables. No veo problema en eso. yo

-Diputado, se han ido varios; otros “posibles nuevos UDI” cruzaron a Evópoli. Al margen de lo conservador o liberal, el estilo “coroneles” genera rechazo. No se ve espacio para nuevos liderazgos. ¿Usted no observa eso?

-Varios de los que se mencionan tuvieron grandes oportunidades. José Antonio (Kast), de quien soy amigo, un tipo muy valioso, fue secretario general. Darío Paya también… Cada uno podrá tener sus motivos para haberse retirado y estar en una posición distinta, pero las discrepancias ocurren en todos los humanos e instituciones. No creo que sea prudente suscribirlo a un solo partido.

-Es que este reportaje es sobre la UDI.

-Mire, yo que llevo mucho tiempo -soy fundador- no me atrevería a enmarcar en un grupo u otro. A Jaime Bellolio lo encuentro muy inteligente, es un aporte que se valora, pero la democracia funciona y nosotros hemos sido uno de los pocos partidos que efectivamente practica la democracia interna. Aplicamos “un militante, un voto”, mientras otros hacen gárgaras con la democracia… Además, eso de que siguen mandando los mismos… ¡si hay rostros nuevos! Nuestro partido tiene un estilo con sus directivos, pero también hay jóvenes y cada quien puede hacer su aporte.

¿Sin argumentos?

No nos quedemos en la forma. Desde 2010, cuando José Antonio Kast perdió en la interna ante Juan Antonio Coloma, quedó en evidencia la división de la que hoy el oficialismo evita hablar (fueron muchos los que ni contestaron a la petición de entrevista para este reportaje).

Kast había anunciado su candidatura a mediados de 2008 –cuando Hernán Larraín había descartado una reelección-, proponiendo dar “un golpe a la cátedra” y jugarse por un ideal joven, renovado. Lo apoyaban Paya, Marisol Turres, Claudio Alvarado, Marcela Cubillos, Rodrigo Álvarez, Felipe Ward, entre otros.

En la otra esquina, Coloma, con el respaldo de Chadwick, Longueira y Novoa.

En 2016, cuando Larraín (sí, el mismo Larraín, que era presidente luego que Ernesto Silva dejara el cargo) dijo que no iba a continuar, entró en escena Bellolio. El resultado fue parecido.

Pero más allá de liderazgos y poder, ¿qué proponen cambiar los disidentes? ¿y para qué quieren esos cambios?

Bellolio:

“Con Kast ya quedó claro que había una diferencia que iba más allá de lo estratégico; una diferencia más de fondo, no sólo de cómo hacer las cosas. Tenemos un problema de identidad. De para dónde tiene que ir la UDI. De cómo enfrenar a la izquierda de los próximos 20 años. Pero desde las municipales, el partido solo ha estado preocupado del tema electoral. No ha propuesto ninguna idea más que las relacionadas con la negociación para las elecciones. Y la contingencia terminó comiéndosela. Primero, el asunto era nominar como candidato a Piñera antes que RN. Después, designar candidatos a diputados y tener más cupos. Recién ahora, la Coca (JVR) recoge algo de lo que hemos dicho: una vez que estén electos los diputados haremos un congreso doctrinario para ver qué proponemos al gobierno de Piñera. Pero es muy tarde. La gente pregunta a los candidatos el por qué quiere ser parlamentario y sin argumentos no tiene por qué creerles”.

Agrega:

“Cuando no contestas el para qué de la política, te quedas en la contingencia. Y en nuestro caso, la contingencia es tener más diputados suponiendo que más significa más poder, lo cual no es verdad. Puedes tener muchos y ser irrelevante. El mejor ejemplo actual está en la DC. Walker habla, aparece en los diarios, pero a la hora de decidir políticas ¡pesa cero!”

Hablando de política de bajo nivel, Bellolio cita el caso socialista, partido que –después de ver las marchas de protestas- dijo “Chile quiere un nuevo modelo… Y no se dio cuenta que al renunciar a lo que habían construido en 30 años, renunciaba a su esencia. Tanto así, que tuvo que renunciar a Ricardo Lagos”.

Incómodos en el país que construyeron

Según los disidentes, nadie dice que los principios fundantes tengan que cambiar. Lo imperioso es entender que la expresión de esos principios debe ser distinta en 2017 a la de 1992. Entonces, si antes la UDI interpretaba a las familias vulnerables y se metía a campamentos y villas, hoy debe ir a la clase media, eso es clave. El partido supo leer la sociedad de los 90, trabajó mucho en sectores populares en tiempos en que existía consenso en el modelo de desarrollo. Pero eso se rompió, cambió el país, la forma de ejercer el poder, la manera de participar y “sin embargo, algunos pretenden seguir haciendo las mismas cosas de los últimos 20 años”, dicen los críticos. Esto, porque el voto duro continúa pensando igual. Y las elecciones -como las pasadas municipales- actúan como una especie de anestesia: “Si nos va bien, no es necesario cambiar”.

Para Bellolio, en estos tiempos más ideológicos, el desafío no es tanto ganar la elección, sino cómo gobernar, como generar mayoría social, no solo electoral. Eso, dice, se hace con ideas y convicciones.

Marco Moreno, de la U. Central, pinta un cuadro más amplio: “Los partidos tradicionales se han ido quedando sin militantes. Gran parte de los inscritos en el refichaje son electores nuevos, así es que las tiendas son otras. Estamos frente a una reconfiguración del mapa político. Tendremos que esperar un tiempo para ver cómo funciona porque, además, hasta ahora, los partidos siguen actuando en una lógica binominalizada; arman plantillas, privilegian ciertos distritos para determinados candidatos (primero los incumbentes, luego los que tienen más posibilidades), pero a lo mejor todo eso no resulta porque la lógica es proporcional. Como hemos tenido 7 elecciones parlamentarias con binominal, las elites se acostumbraron a un sistema que les permitía tener el control porque manejaban el quien entraba a jugar. Ahora entrarán nuevos actores; el Frente Amplio y Evópoli elegirán su gente; el PC tendrá más, el Congreso de marzo de 2018 será totalmente distinto, se renueva prácticamente la mitad, habrá representantes de los partidos nuevos y eso cambiará la forma de hacer política”.

-En ese contexto, ¿hacia dónde debe ir la UDI?

-Los partidos son animales que se adaptan; si no, desaparecen. Y la UDI no podrá eludir estos temas sobre matrimonio igualitario, adopción homoparental, fertilización in vitro, aborto, que se están instalando en la sociedad. No pueden seguir oponiéndose a algo que los sobrepasará.

No se ve fácil. Hace poco, cuando Cristián Monckeberg (RN) dijo que frente al matrimonio igualitario habrá “libertad de acción”, el secretario general de la UDI afirmó: “Eso se verá más adelante”. Y Bellolio –que votó a favor del Acuerdo de Unión Civil- dice que Gonzalo Rojas lo consideró “un liberal de m… vendido”.

Pero, además, la amenaza en el horizonte va más allá de diferencias por temas valóricos o choques generacionales. “La UDI de siempre y de todos” (slogan de campaña de JVR) está en un dilema.

Bellolio:

“Hay muchos que se sienten incómodos con el Chile que ayudaron a construir. Si la sociedad reclama cuestiones que significan mayores derechos, mayores libertades, mayores opciones de elegir, es precisamente lo que la UDI promovió y defendió desde fines de los 80. Un tipo de sociedad libre, con economía de mercado y principio de subsidariedad, donde el crecimiento es clave para financiar programas sociales… Entonces que hoy nos tengamos que sentir ajenos a una emergente clase media (que antes eran sectores populares donde nació la UDI) es completamente absurdo y la razón la cual el partido tiene una crisis de identidad. Estamos en 2017, en un país que cambió tanto como ellos mismos promovieron. Pero existe miedo, como que intentan no darse cuenta que el poder cambió y, también, la forma de participación y de cómo se resuelven las cosas”.

-Gonzalo Cordero, director de comunicaciones del comando, dijo que si Piñera vuelve a La Moneda, tendrá que transar con la social democracia para garantizar gobernabilidad. ¿Qué pasará con su partido ahí?

-La UDI se entregó gratis a Piñera, a diferencia de lo que hizo en 2009, en que planteó condiciones… Pero nosotros tenemos línea directa con el comando (porque no podíamos llegar a través de la directiva). Piñera funciona en base a costos y si es muy costoso meternos en el gobierno, vamos a estar más al lado. Si les es costoso tenernos afuera, entonces nos meterá. Es parte de la política, lo entiendo. Pero creo que hoy le hace sentido que estemos más cerca que lejos.

Agencia UNO

Sin contrapeso

A la tensa convivencia y a los constantes enfrentamientos entre la presidenta Jacqueline van Rysselberghe y el presidente que no fue, Jaime Bellolio, les cayó como ácido el proceso de lista parlamentaria de Chile Vamos donde, pese a la resistencia inicial, terminó interviniendo y zanjando el candidato Piñera. Claro, porque, como dijo Monckeberg, “en la negociación afloraron los fantasmas del canibalismo político propio de la centroderecha”.

Pero al interior de la casona de Suecia, la contienda tuvo otro tono. “Ella eligió y sin contrapeso, porque nomi
nó a todo el comité electoral. Y los únicos que no son de su confianza extrema, Moreira y Ward, representantes de senadores y diputados, tuvieron derecho a voz, pero no a voto”, asegura Bellolio.

Y a pesar de que los opositores pidieron en público y en privado que se plantearon los criterios objetivos de selección y de asignación de recursos, nunca hubo respuesta.

Como resulta obvio, ellos están convencidos de que quedaron fuera candidatos muy competitivos, pero no amigos de la directiva.

¿Y la renuncia?

Que el derrotado Bellolio renunciaría a la UDI ha sido rumor recurrente. Él por ahora está en carrera parlamentaria. Y mientras dure ese proceso y el presidencial, “aguantaremos”, afirma. Luego, “puede pasar cualquier cosa”.

-¿Habrá acercamiento si gana Piñera o es irremontable la división UDI?- preguntamos a Marco Moreno.

-Creo más bien en lo segundo. Si llega a ganar, Chile Vamos entrará en un proceso de realineamiento interno. Y empezarán a aparecer diferencias respecto de cómo se gobierna, con qué agenda, y evidentemente las diferencias en asuntos valóricos, en cómo se avanza en una política de derechos sociales y de igualdad, cosas que ya generan grandes diferencias en la UDI.

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