Opinión

Ilustre visitante, perdido e indiscreto

Por: En el Tintero | 08 de Septiembre 2017

Con buen tiempo y con singular optimismo y determinación, el comandante  francés Jean François de La Pérouse y su tripulación de poco más de 200 hombres, zarparon de Brest  en 1785, en enero  de  1786 ya se encontraba, aunque con algunas bajas, frente a Cabo de Hornos. En una más que bienvenidas vacaciones veraniegas, para cuidar de las naves y proveerse de vituallas, se aposentó en Concepción entre febrero y marzo de ese mismo año, de allí emprende una travesía hacia Isla de Pascua, a la cual llega en abril.

Una pintura realizada por un artista a bordo, ilustra a todo color a los marinos de picnic con las nativas mientras otros miden las esculturas, lo que se sabe de este viaje termina a ciencia cierta en ese punto, su plan contemplaba subir a Alaska, recorriendo la costa del Pacífico, sus rastros se pierden  en Oceanía, investigaciones han logrado encontrar huellas de su paso y eventual extermino hasta el último hombre en Vanikoro, de las islas Salomón, parece que se salvó un grumete, noticia por confirmar.

La información que hizo llegar en un barco al gobierno de Francia antes de aquello ha dejado testimonios de su aventura, incluyendo la acuarela de los moais. Lamentablemente, también las noticias poco caballerosas de la recepción de los tripulantes franceses por las mujeres penquistas, “bellas y de una educación tan extraordinaria que seguramente no hay ciudad en toda Europa donde los navegantes extranjeros pueden ser recibidos con tanto afecto y amenidad” todo bien, pero añade, “las mujeres son complacientes en exceso”.

Pésimo comentario indigno de Jean François de Galaup, conde de La Pérouse, si lo hubieran sabido las damas,  los nativos de Oceanía no habrían tenido para qué molestarse.

 

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