Opinión

El exterminio de las cosas ricas

Por: En el Tintero | 03 de Septiembre 2017

 

Como sucede con muchas de las leyes chilenas, ya nadie se acuerda que no hace mucho, con bombos y platillos, se anunció la feliz instauración de aquella que prohibe la venta de comida chatarra en los recintos escolares del país, por si fuera poco, también con expresión severa de los voceros de las instituciones comprometidas con esta noble causa, se anunciaba la implementación de un sistema ineludible e inoxidable de fiscalización a los quioscos.

La comunidad recibió este magno anuncio con limitado entusiasmo, por una parte, poco convencida que sea verdad que estamos cada vez más gordos y sobrados de pésimos alimentos, y por otro, por la natural desconfianza que surge cuando se ha visto mucha ley desaparecer sin dejar rastros, escondida en alguna oscura gaveta.

Sin embargo, algo se avanza, es necesario, ya que 5 de cada 10 niños presenta algún grado de sobrepeso en el país, según cifras del Minsal, sin mencionar otros datos similares nada de tranquilizadores, que se pretende reducir con la entrada en vigencia de la Ley de Etiquetados y Publicidad de los Alimentos y sus ominosos sellos negros.

Lo malo es el golpe cultural irreparable, la prohibición de vender sopaipillas, chaparritas, completos y queques, un golpe certero al corazón de la tradición nacional de envenenamiento colectivo, para no comentar lo que le puede suceder a los sanguches de los estadios, los berlines, cuchuflies, y papas fritas, estas últimas auténticos elementos de devoción multitudinaria.

No se ve fácil, pero no se puede bajar la guardia, pasamos de escuálidos a redondos, con consecuencias inmediatas y a largo plazo para la salud. En medio de protestas y amarguras vamos a ser libres de alimentos dañinos, aunque sea a la fuerza.

PROCOPIO

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