Opinión

Llegada a colegios, respeto y empatía

Por: En el Tintero | 31 de Agosto 2017

Casi todos están de acuerdo en que la formación de los niños no puede ser una tarea exclusiva del colegio. En la dimensión valórica, la familia tiene un rol clave, tanto en el discurso como -primordialmente- en el ejemplo. El respeto, en particular, se puede fomentar en la academia, pero la base sobre la que se construye viene de la casa.

Esta introducción sirve para plantear un problema que se repite a diario en varias cuadras del centro penquista, y que paradógicamente enfrenta por un lapso de no más de 30 minutos, a los padres y el colegio. Me refiero a los reiterativos tacos fuera de los establecimientos educacionales, donde las actitudes de algunos apoderados al volante poco tienen de educadas.

Una de las mayores faltas de respeto en que incurren ciertos apoderados apurados, es la de estacionarse sobre la vereda, obstaculizando la circulación de los niños, y más grave aún poniendo en riesgo su integridad. Hoy mismo, fuimos testigos de cómo un apoderado, tras dejar a sus hijos en un colegio, no tuvo empacho en circular 20 metros por la vereda antes de retomar la calle.

Ejemplos claros donde lo único que importa es el objetivo inmediato y egoísta: que sus propios hijos no lleguen atrasados, que no tengan que caminar con ellos una cuadra antes de la puerta. ¿Se detienen a pensar en cambio, en qué pasaría si pasan a llevar a un niño pequeño que no ven por el retrovisor?¿Si pasan mal la palanca de cambio o se les suelta el freno?

¿Cómo enseñarle respeto a los niños, si no son capaces de verlo de su padres, cada manaña antes de entrar a sus clases? ¿Cómo inculcar valores en medio de un tráfago neurótico y donde no tiene cabida la empatía. No es tarde para desterrar esas malas prácticas, pero para ellos se requiere compromiso de todos: de la autoridad (control policial), de los establecimientos educacionales y de los propios apoderados, que serán siempre los primeros llamados a fiscalizar.

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