Opinión

Sobre la aciaga pobreza de virtudes

Por: En el Tintero | 25 de Agosto 2017

Entre todas las modalidades de conducta dignas de reprobación que se han venido desplegando transversalmente en el país, el doble estándar es otro de los que contribuye abundantemente a separar a los políticos, especialmente, del respeto de la ciudadanía, al mostrar la incapacidad de actuar con imparcialidad y ecuánimemente. La postura de los políticos frente a la corrupción, al peculado, a las malas prácticas, cuando atañe a otros, o si se trata de sus correligionarios. Sin piso moral, los intercambios de descalificativos son un espectáculo patético.

Es especialmente aplicable a la actitud de los grupos de derechos humanos, que condenan u omiten referirse a determinados países, el doble estándar es elogiar a naciones que no respetan al individuo, sólo porque se pueden hacer buenos negocios al comerciar con ellos, o por tener con estos afinidades políticas, como aquellos que son capaces de olvidar lo que debió haber vivido con ellos desde la infancia, la básica injusticia de encarcelar gente por sus ideas.

Por si hiciera falta agregar algo más a este asombroso cúmulo de virtudes, se agrega el de la inconsecuencia y la envidiable agilidad para dar volteretas con la cara llena de risa, incluso vetustos hombres públicos que se burlan de las leyes de gravedad y asumen nuevas posiciones con la tranquilidad del que puede sobrevivir en cualquier ambiente, no importa lo desafiante que sea.

El sentido que falta desarrollar, en estos autodenominados animales políticos, es el de la empatía, la capacidad perdida de mirar las circunstancias como las miran los ciudadanos de a pie que, anónimamente y esperanzadamente suelen votar por ellos y que de pronto, de pura desilusión, van a buscar otras cosas más útiles que hacer, como cambiarlos por otros.

PROCOPIO

Etiquetas