Opinión

Los sobrevalorados baños romanos

Por: En el Tintero | 18 de Agosto 2017

Los baños romanos, las termas, gozan de espectacular prestigio histórico, enormes palacios, construidos por dadivosos emperadores para su mayor glorificación, donde los ciudadanos mataban el tiempo. A la entrada había un Apodypterium, una habitación donde los bañistas dejaban sus ropas. Había un banco corrido y en la pared unas hornacinas sin puertas, donde se depositaban las ropas y los objetos personales, que quedaban vigilados por un esclavo.

Había agua caliente, en el Caldarium, fría en el Frigidarium y un Tepidarium: habitación de temperatura tibia, que preparaba al bañista para el primero, sin sentir que lo estuvieran cocinando vivo. Hasta ahí vamos bien, sin embargo, lamentablemente, no era así para todo el mundo, todo lo anterior funcionaba óptimamente en las instalaciones privadas de los magnates, con esclavos para todo, incluyendo limpieza y cambio de agua.

Para el resto del pueblo, en los baños públicos que podían acoger a varios miles de personas, las cosas eran como se puede imaginar, agua sucia con el aceite de los masajes, o con los recubrimientos de desaseo de los usuarios, que no se bañaban con suficiente frecuencia, o la riesgosa situación de contagios de difícil detalle, con el ruido ensordecedor de los pregoneros, microempresarios de variopinta catadura, con nada de privacidad y riesgo de quedarse sin ropa, ya que no todos tenían recursos para dejar a alguien vigilando en esa turbamulta.

Por eso es que si hubiera la oportunidad de viajar en el tiempo, sería preferible, a menos que tengamos llegada en las altas esferas, abstenerse de tamaña experiencia y no mirar en menos nuestra modesta ducha cotidiana, aún sin esclavos para que nos enjabonen la espalda.


PROCOPIO

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