Opinión

De la mentira y la masa

Por: Diario Concepción | 09 de Agosto 2017
Fotografía: Diario Concepción

Andrés Cruz
Abogado, Magíster Filosofía Moral

Gabriel García Márquez en el “Otoño del Patriarca”, decía que el político ungido de manera perenne en un cargo descubre “que la mentira es más cómoda que la duda, más útil que el amor, más perdurable que la verdad…” Asumen que decir la verdad es impracticable, una quimera para ilusos e ingenuos. Mentir exige no reconocer que se está mintiendo y aprovechar la oportunidad para declarar de manera categórica y con toda convicción que siempre se dice la verdad.

Es una práctica amalgamada con la actividad política. Ocultar las verdaderas intenciones tanto a los contendientes como a los más cercanos, por cuanto estos últimos podrían llegar a ser enemigos. Manipulando contextos para extraer interpretaciones y sacar algún provecho. La verdad pierde todo sustrato, toda validez y se relativiza, pasando su contenido a depender de los requerimientos de quien la invoca.

Los eufemismos han pasado a subyugarla, confiriéndole a las apariencias el valor de real. Nos llenamos la boca exigiendo derechos, respeto y espacios, pero ocultamos nuestras obligaciones, la empatía y cerramos la puerta a todo lo diferente.

Preferimos inventarnos las respuestas en vez satisfacernos con el enigma de la pregunta y vivir asumiendo la perplejidad de los acontecimientos. No sólo le mentimos al otro, toleramos que nos mientan y nos mentimos a nosotros mismos. Hasta los medios de comunicación a través de la propaganda de toda naturaleza no respetan la verdad y ni siquiera la verosimilitud con la que se exponen las mentiras disfrazadas de certezas.

Montaigne señalaba: “Si la mentira, como la verdad, no tuviera más que un rostro sería todo mucho más fácil, pues tomaríamos por cierto lo contrario de lo que dice el mentiroso, pero, a diferencia de la verdad, la mentira tiene mil caras”.

La mentira es intencionalidad de engañar y para eso debe contener el cálculo que hace el mentiroso de lo que entenderá el destinatario de la mentira, para poder manipularlo. Incluso, se puede exagerar a tal punto una verdad que la transformaremos en la más grande de las mentiras, y así hacerla más creíble.

Luego de esta saturación de mentiras se sigue con las inquisiciones, persecuciones y con la infamia, ya que como sostenía Alexander Koyré: “las masas creen todo lo que se les dice, a condición de que se les diga con la suficiente insistencia, a condición de que se halaguen sus pasiones, su odio, su miedo”, y mejor cuando se explota el cobarde anonimato de las redes sociales.

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