Opinión

No tiene la culpa el porcino

Por: Procopio | 08 de Agosto 2017

Somos de muy lento aprendizaje, o de rápido aprendizaje y rápido olvido, en la práctica esto implica que tenemos con frecuencia motivos para arrepentirnos, o, también, nuevas razones para echarle la culpa a los demás de las malas decisiones que se toman, por razones diferentes a la razón.

Las vísceras participan con frecuencia en la malas lecturas de los hechos nuevos o las iniciativas recientes, puede haber tanto rechazo instintivo, como amor a primera vista. En el nebuloso asunto del cuidado del medio ambiente o en la protección de los derechos individuales, hay una franja limítrofe relativamente amplia, por lo cual es difícil tomar una actitud de buenas a primeras. El ejemplo clásico fue el reclamo a la empresa Agrosuper, que había instalado en Freirina una crianza de cerdos. La autoridad pertinente, resolvió cerrar la planta de crianza y faena de manera indefinida a fines de 2012, debido a los problemas sanitarios que generaban los malos olores que emanaban desde el lugar.

Una encuesta realizada por la Universidad de Atacama, a dos años del conflicto, reveló que un 74 por ciento de los habitantes de esa localidad estaría dispuesto a aceptar la reapertura de la planta de cerdos Agrosuper en su comuna si se solucionan los problemas de impacto ambiental que provocaba su funcionamiento.

Lo que allí sucedió fue que no se conversó con la cabeza, sino con el corazón, la primera habría indicado que se podía resolver el conflicto con medidas para eliminar la contaminación olfatoria sin dejar a nadie cesante y el corazón habría quedado quieto.

Puede pasar con el gas, con las represas, los puentes, con casi todo, por no poner las cosas en la balanza de la razón, por hacerle caso al griterío.

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