Opinión

Los adictos al pedal del acelerador

Por: Procopio | 06 de Agosto 2017

Desde que el hombre encontró algo para moverse a mayor velocidad que la que podía lograr por sus propios medios, se abrió la competencia de quien va más rápido, un desafío permanente y universal, pero que afecta particularmente a determinado grupo de personas, con un perfil característico de competitividad, cuyas razones son, eso sí, de lo más variopintas, desde los competitivos por motivos de superación personal, a aquellos que compiten para establecer su dominio sobre los otros, o para salir al paso de íntimas inseguridades, en fin, para libros de psicoanálisis, que en resumen significa que en calles y carreteras se puede uno tropezar con alguno o alguna de estos seres que postulan tanto a la fórmula uno como al rápido ingreso a los parques del recuerdo.

Los adictos al acelerador, para las entidades que tienen que lidiar con ellos, requieren de la observación cuidadosa tanto de protagonistas como observadores y víctimas y por lo mismo se presta para aportes desde los más diversos ámbitos.

Desde las autoridades del tránsito se informa que la mayoría de los conductores que habitualmente conducen a exceso de velocidad, son hombres de entre 48 y 58 años. A casi la mitad de ellos se les ha cursado un parte en los últimos seis meses. Pertenecen a la clase media-alta y su nivel de ingresos les permite darse el gusto de comprar automóviles con motores de alta cilindrada. Son competitivos, incluso arrogantes, en razón de lo anterior parece causarles placer mostrar cuán rápidos se desplazan por las calles de la ciudad y de paso separar aguas de otros menos favorecidos por el destino.
También se sabe que no entienden sino que a palos, en alguna de sus formas, razón de más para propinárselos sin regatear

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