Opinión

La hiperquinesia de Alejandro Magno

Por: Procopio | 25 de Julio 2017

Los compañeros de Alejandro, todavía no Magno, no sabían en qué se estaban metiendo, convencidos que se trataba de una suerte de picnic combativo y altamente rentable por el Asia Menor, en manos de reyes poderosos, con ejércitos enormes,  pero ineficientes y derrotables.

Cuando se dieron cuenta ya era tarde, en poco años eran dueños de todo, observando como Alejandro trataba de lidiar con el  dispositivo cortesano de los palacios de su enemigo derrotado, el emperador Darío.  Asunto difícil para alguien acostumbrado a la vida espartana del campamento griego, el problema principal era como lidiar con  el serrallo que había quedado allí a la espera del dueño de turno; 329 cortesanas reales para la música y para la danza,  49 tejedores de guirnaldas, 275 cocineros, 40 perfumistas, entre otros pocos centenares de servidores, además de algunas esposas de generales persas difuntos, a la espera de caballeros de buena voluntad, con fines honorables.

Cualquier otro se habría dado por satisfecho con la situación, total era cosa de despachar al personal excesivo y proceder, con ayuda de sus compañeros de aventura, de hacer un nuevo reparto en la asignación de funciones. Efectivamente, Alejandro ordenó bastante la casa y promovió una serie de matrimonios con lo mejorcito de su tropa, por lo cual fue bastante aplaudido, además el esperaba contribuir a hacer una raza común con los persas y sus generales le había informado que las niñas del lugar eran bonitas y hacendosas.

Es un problema bastante frecuente, estar al lado de un líder hiperquinético que no sabe dónde quedarse quieto dejando todo a medio morir saltando, mal asunto para quienes prefieren hacer las cosas con los debidos resguardos.

 

PROCOPIO

 

Etiquetas