Opinión

Soberbia gratuidad

Por: Diario Concepción | 20 de Julio 2017
Fotografía: Diario Concepción

Por: Francesca Parodi
@franparodi

“La gratuidad llegó para quedarse”, dijo la Presidenta Bachelet a fines de 2016, una frase que podría resumir las prioridades del gobierno. Ocho meses después, esta frase cobra especial sentido tras la ampliación de la gratuidad universitaria, a expensas de otras urgencias que seguirán esperando que alguien marche por ellas.

Cuando Michelle Bachelet era candidata en 2013, una de las propuestas de campaña más importante, y que concitó el apoyo de parte del movimiento estudiantil, fue la gratuidad universal. Se decía que la educación superior gratuita se podría alcanzar el 2020, y que era urgente priorizar este derecho. Esta semana nos dimos cuenta que el gobierno, la Nueva Mayoría y la bancada estudiantil efectivamente priorizaron el derecho a la educación superior gratuita, sin importar el costo, algo que la ministra Narváez calificó como “una clara conquista”.

Al ampliar del 50 al 60% la cobertura de la gratuidad universitaria, el gobierno se comprometió a aumentar los recursos en aproximadamente un 30%. Por su parte, el incremento presupuestario para revertir el desastre al interior del Sename alcanza apenas un 6%. El problema es que los niños y jóvenes que alberga el Sename forman parte del segmento más vulnerable de nuestro país, ese grupo donde el 80% ni siquiera alcanza un puntaje que le permita entrar a la universidad. Es decir, hay individuos que no son prioritarios para el gobierno, a pesar de las indignas condiciones en las que han tenido que sobrevivir. Y esto no se soluciona con anuncios rimbombantes. La escala de prioridades de un gobierno tiene directa relación con el presupuesto que él mismo asigna y, en este sentido, el gobierno fue claro en su prioridad: seguirá financiando una idea que destina al 20% más rico la misma cantidad de recursos que al 70% más vulnerable.

Nuevamente parece necesario recordar a quienes apoyaron este proyecto que los recursos del Estado son limitados y que por eso mismo es importante saber a quién ponemos primero en la fila. No se trata de estar en contra de que familias no tengan que endeudarse para pagar la educación a sus hijos. Eso sin duda es algo deseable. Pero cuando vemos la obstinación por alcanzar gratuidad universal, sabiendo el costo de oportunidad que hay detrás, la labor del gobierno se hace a lo menos cuestionable.

Hoy destinaremos 1.400 millones de dólares a la educación superior, ese derecho al que los niños del Sename ni siquiera logran acceder porque nunca nadie los ha priorizado. Tuvimos la oportunidad de hacer algo distinto, de razonar y entender que habremos alcanzado “una clara conquista” solo cuando nuestras prioridades estén a la altura de nuestros verdaderos desafíos.

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