Opinión

Cándida Eréndira y su abuela desalmada

Por: Diario Concepción | 20 de Julio 2017
Fotografía: Diario Concepción

La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada puede ser  un nombre bastante largo para una novela corta, pero es insuficiente a la hora de dar luces de lo que el lector va a encontrar en su interior.

En este relato, publicado en 1972, el Nobel colombiano Gabriel García Márquez utiliza buenas dosis de humor negro, realismo mágico en su máxima expresión y bellas metáforas literarias para retratar una temática demasiado cruda: la prostitución de menores en el Caribe sudamericano.

La historia gira en torno a la  vida de Eréndira, una joven criada por su abuela desde que murieron los “Amadises”, su padre y su abuelo, este último un contrabandista que había rescatado a su esposa de un burdel. Tras enviudar, la mujer, cruel y “gorda como un cétaceo” se ve obligada a despedir a su servidumbre, y deja a su nieta como única criada, a quien explota de modo extremo. Muerta de cansacio, Eréndira pasa a llevar un candelabro y provoca un incendio que quema la casa. Entonces la vieja mujer  decide prostituirla hasta conseguir que pague su deuda.

Ahí comienza la verdadera historia, de una muchacha de 14 años, en una procesión de decadencia que la lleva a recorrer el país, y a prestar servicio a humildes y poderosos. Para muchos analistas, la grotesca abuela opresora, es un símbolo de un Estado corrupto, o incluso de la explotación de potencias a  países subdesarrollados.

Como sea, Eréndira también porta un correlato feroz, que tristemente no pasa de moda: el de una sociedad cegada, incapaz de ver y entender el sufrimiento de los más débiles, aún bajo sus propias narices. Macondo no está  tan lejos.

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