Opinión

La buena idea de clasificar

Por: Procopio | 19 de Julio 2017

Al hacer un rápido ejercicio retrospectivo, se puede recordar que los profesores sienten una particular, casi obsesiva inclinación por clasificar, un proceso que permite agrupar cosas parecidas en algún sentido, para hacer de este pícaro mundo algo más coherente de lo que parece y simplificar, en la medida de lo posible, una multiplicidad caótica.

La tarea era encontrar grupos que tenían algo en común ,se pedía, para dar una idea, clasificar las algas según su escala cromática, para poner un ejemplo escalofriante, pasando por pájaros, minerales y legumbres, en fin todo lo clasificable, un ensayo a todas luces saludable, ya que se necesita pensar, asunto que por lo general resulta altamente recomendable.

Un ejemplo notable es Borges, quien se entretiene muchísimo poniendo las cosas en orden distinto, en su declaración: “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”, es autor de matemáticas imaginarias y recuerdos inventados. Con mucha ironía, para los adictos al orden, cita una, por supuesto falsa, enciclopedia china que clasifica los animales en los siguientes grupos:

“pertenecientes al emperador, embalsamados, amaestrados, lechones, sirenas, fabulosos, que se agitan como locos, innumerables, dibujados con un finísimo  pincel de pelo de camello, que acaban de romper un jarrón y los que de lejos parecen moscas”

Esa útil clasificación serviría para dejar en claro que cuando tratamos de ordenar las ideas relativas a quienes somos, podemos, sin querer, usar criterios diferentes para cada cosa, peras con manzanas, y al final, nos conformamos porque creemos haber tenido unidad de criterio y en realidad usamos tantos criterios diferentes como los de la enciclopedia china de Borges.

 

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