Opinión

Los viejos remedios infalibles

Por: Procopio | 18 de Julio 2017

Hay molestias muy antiguas, las mismas de ahora, pero con otras maneras de sacárselas de encima. Suetonio, el conocido autor de Vida de los Césares, cuenta de lo fastidioso que se ponía Nerón al andar por ahí con dolor de muelas, insufrible inconveniente para un persistente y acrítico músico aficionado, eso por no haber prestado atención a un insigne sabio y naturalista del siglo primero, Cayo Plinio Segundo, Plinio el viejo, aquí en confianza, quien aconsejaba salir al campo, buscar un sapo y escupirle en la boca para traspasarle el dolor de muelas.

Adicionalmente, se puede informar que este autor del libro súper ventas “Naturalis historia”, describía, con igual certeza, haber visto un personaje en Samotracia a quien le habían salido dientes nuevos a la tierna edad de 104 años y que había individuos con dientes tan venenosos que apagaban el brillo de los espejos y mataban a las crías de las palomas con sólo el aliento. Todo esto dos mil años antes que Gabriel García Márquez.

Los consejos de tan insigne sabio no se detenían en ese punto. Tenemos todavía otras tentadoras opciones para librarnos de las odontalgias, se puede, si no encontramos sapos a quienes escupir, utilizar cenizas de la cabeza de un perro rabioso, mezcladas con aceite de ciprés y puestas en el oído del lado adolorido. Aunque estos ingredientes son de relativo fácil acceso, también resulta infalible comerse un par de ratones al mes.

Con el tiempo, tan sabias recomendaciones cayeron en el olvido. En vista de los efectos colaterales impredecibles de los analgésicos modernos, a lo mejor habría que darle crédito al viejo Plinio, la dificultad parece estar en el escaso número de voluntarios que podrían presentarse para los ensayos clínicos.

 

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