Opinión

La rebelión de los decentes

Por: Diario Concepción | 15 de Julio 2017
Fotografía: Diario Condeza

Por: Jorge Condeza Neuber
@jorgecondezan

¿Cómo solucionar todo esto? Es la pregunta que tratan de imponer para olvidar lo que realmente pasó y así usar rápido al maquillaje que normalmente compra la simple adición de nuevos recursos.

El caso Sename desnudó al Estado y mostró la incapacidad de pseudo autoridades para solucionar los problemas que enfrentan. Si, lo reitero, incapacidad es lo que define a muchas personas que por ser amigos, parientes o camaradas de las autoridades de turno creen tener el intelecto para dirigir instituciones que requieren algo más que las patas y el buche. Piensan que el puesto les dará las neuronas que faltan.

Esta semana supimos (o constatamos) de la captura de muchas instituciones por políticos de baja calidad moral, asignados para extraer recursos de las instituciones más que a estudiar la solución de sus problemas.

Ratificamos que la famosa responsabilidad política no existe en este y en decenas de casos donde hay evidente responsabilidad administrativa por la pérdida de cuantiosos recursos del Estado y como en el Sename, en la pérdida de vidas.  Cuando hay peces gordos, se acumulan sumarios que nunca terminan y se sobreseen por falta de méritos, o se diluyen con el clásico y desgraciado: “todos somos responsables”, pronunciado por acaloradas y ofendidas autoridades que interesadamente imploran que no se puede resumir todo a la búsqueda de culpables, en virtud que es justamente lo que en estos casos debe lograrse: responsabilidad para no repetir los errores. Y sin profesionales decentes y capacitados los recursos extras solo caerán en un saco roto.

Por último, ver ministros corriendo por los pasillos del Congreso para ordenar a los parlamentarios votar de una u otra forma leyes o informes; o parlamentarios presionando a los gobiernos regionales para obligarlos a contratar a parientes y amigos en instituciones como el Sename, demuestran que la separación de poderes del Estado es un tongo. Todo entrelazado limita la posibilidad de fiscalización real, como ocurrió en el Sename y como ocurre con decenas de instituciones.

Estamos tocando piso. Las redes de corrupción tejieron ya un entramado que hace que los cambios reales deban ser a punta de desalojos forzosos. Y para que veamos realmente un cambio debe ocurrir una rebelión de los capaces, de los decentes, que asuman de una vez por todas que el Estado los necesita. No hay más opciones, no hay más espacio.

No hay tiempo de titulares para el bronce. Actuar significa contratar personas valientes, que no tengan miedo a enfrentar a grupos de poder que solo han limitado su función a estrujar el Estado y llevarlo al estado en que se encuentra, desprovisto de recursos y de capacidad intelectual para salir adelante. Ahí está el déficit y el caso Sename nos muestra el camino.

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