Opinión

Todos nos vamos a olvidar

Por: Diario Concepción | 12 de Julio 2017
Fotografía: Diario Concepción

Por: Andrés Cruz
Abogado, Magíster Filosofía Moral 

Todos nos vamos a olvidar. Después de la indignación ante la conducta estrecha y de corto de plazo de los parlamentarios, ante la protesta y la ofuscación desatada con quienes han hecho de la política una profesión y guardan con celo sus feudos de poder, protegiendo a los que mantienen su status, nos vamos a olvidar. Todos ya hemos comenzando a perder la memoria.

La furia por los niños marginados e internados en los centros de atención, dependientes o bajo la tutela del aparato público, se diluye. La turba furibunda retorna a sus cómodas locaciones virtuales. Mientras, nuestros “líderes” han conseguido su fin. Esperan que todo se calme, que la amnesia haga su límpido trabajo, porque los miles de niños muertos, que nunca han sido de interés real para ellos, volverán a gritar en el silencio.

Alguno de esos representantes eternos tratará de sacar algún provecho. No faltará quien anuncie acciones en tribunales internacionales, que demoran años y son más simbólicas que efectivas, pero que le permitirán mostrarse en horario estelar o que su foto se estampe en algún medio de comunicación.

Los inconsistentes y los inconsecuentes, una vez más, tratarán de levantar las más sofisticadas y entramadas explicaciones para hacernos entender porque cuando se trata de la muerte masiva de niños, no se puede hablar de violaciones a los derechos humanos. Alzarán su retórica envolvente para justificar las responsabilidades de sus compinches y se invocarán las opiniones de los más conspicuos expertos quienes enfundados en sus costosos trajes afirmarán que cualquier transformación profunda en esta materia es muy onerosa.

Mientras los mismos de siempre se enquistan en el servicio público y se lo cuotean para servírselos a sus operadores políticos, esos niños podrán seguir llorando sin que nadie los escuche, bien bajito, angustiados esperando en vano que alguien les tienda la mano … esperando y esperando, siempre esperando. Pero impávidos nuestros líderes estarán ya distraídos en sus campañas electorales, para volver a repartirse la torta y mendigar financiamiento de quien sea.

Nosotros ya nos habremos olvidados y nos dispersaremos con una nueva trama, con un bus o una protesta, con uno que otro brutal homicidio, siguiendo por el tobogán de esa cómoda inercia que nos dirige no sabemos bien dónde, lo que no nos interesa dilucidar, pero no importa, nos entretiene, ocupa el tiempo. Por mientras, que los niños sigan llorando, que otro se haga cargo.

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