Opinión

El redituable servicio público

Por: En el Tintero | 02 de Julio 2017

Es una llamada a la cual hay que acudir, una vocación. Para la mirada por lo general indiferente del ciudadano común ante este tipo de obligaciones, son inaparentes las compensaciones que puede haber al responder a esta convocatoria, que asegura una vida de sacrificio siendo útil a los demás.

Para empezar, una suerte de adormecimiento de la conciencia, que permite considerar justo la utilización de bienes, como por ejemplo numerosos planes de telefonía móvil, sin reparar en gastos, muchos aparatos celulares que pueden ser distribuidos graciosamente en una vasta red de colaboradores y amigos. También hay un conveniente rediseño de los principios éticos, lo que permite concebir honorarios generosos y agradecimientos profusos ante el más mínimo esfuerzo, sin apreciar que sea solo un deber a cumplir.

El proceso suele estar acompañado de una diferente concepción de la realidad, que descubre lo que otros no perciben, que el dinero brota generosa e interminablemente de una fuente llamada recursos públicos, a los cuales se puede echar mano para viajes, dietas, viáticos y una larga lista de necesarias inversiones para mejor cumplir con la ordalía de representar las esperanzas de los ciudadanos, siempre ingratos.

El Estado, comprensivo, provee recursos adicionales para que sus servidores puedan aliviar su desproporcionada carga y recluten otras personas idóneas que les apoyen en el cumplimiento de su misión, instancia que puede permitir, gracias al adormecimiento ya aludido, la creación de una red de operadores agradecidos, no importa que les falte algunas competencias, lo cual constituye, a la larga, una soporte para proseguir interminablemente en este via crucis. Que sería de nosotros sin esa vocación.

PROCOPIO

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