Opinión

Descentralización en lo fiscal

Por: Diario Concepción | 22 de Junio 2017
Fotografía: Diario Concepción

Por: Francesca Parodi
@franparodi

Si analizamos el debate en torno a la descentralización podremos advertir que su principal enfoque está dado por la elección de las autoridades. Ya pasó con la elección de Consejeros Regionales y parece repetirse en la discusión sobre Gobernadores Regionales. En ambos casos terminamos en un debate electoral que deja de lado los necesarios avances de autonomía de las regiones.

La descentralización ha estado marcada por hitos poco claros en cuanto a su efectividad. La propia elección de Consejero Regional se dio bajo un manto de dudas, que incluso se extiende hasta hoy, sobre las reales atribuciones que tendrían estas autoridades para concretar un avance sustantivo en cuanto al poder de las regiones.

Sin ir más lejos, los chilenos no sabían qué estaban votando y muchos pensaban que era un cargo recientemente creado. En este sentido, la representatividad de las autoridades es una buena noticia para la democracia, pero no resuelve por sí misma los problemas que supone el centralismo.

El problema es que el debate sobre la elección de intendentes ha tendido a caer en los mismos errores de antes, basando su argumentación en que la simple razón de elegir democráticamente a la autoridad regional sería un impulso descentralizador, algo que, como ya vimos, no es real.

Entonces, ¿cómo podemos avanzar para asegurar mayor autonomía de las regiones? La mayor necesidad de las regiones es la de poder decidir sus prioridades, algo que con la estructura fiscal vigente parece lejano. De esta forma, la descentralización fiscal debería ser el punto de partida si queremos regiones más empoderadas, ya que actualmente, por ejemplo, en inversión de infraestructura pública las regiones solo deciden 1 de cada 4 pesos, y el resto lo impone el gobierno central.

¿Será de ayuda un Gobernador Regional electo que solo pueda decidir sobre el 25% de la inversión en infraestructura? A todas luces una reforma no se entiende sin la otra. Más aún, se han creado diversos fondos de ayuda a las regiones, siendo el más conocido el Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), los que transfieren recursos a los gobiernos regionales bajo el rótulo de “recursos de decisión regional”.

Pero, paradójicamente, solo un 44% de estos recursos realmente son de libre disposición de las regiones, ya que el resto viene amarrado a la planificación central.

Las medidas adoptadas para la descentralización tienen un sesgo de desconfianza hacia las regiones y su capacidad para gestionar recursos y definir sus prioridades. Está claro que no basta con elegir a nuestras autoridades si no avanzamos hacia un reconocimiento del rol de las regiones en su propio desarrollo. Sin esto, cualquier medida es solo accesoria.

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