Opinión

La dañosa pérdida de dignidad

Por: En el Tintero | 20 de Junio 2017

El respetable público está entre entretenido, asombrado y molesto por el espectáculo montado por la clase política en tiempos de elecciones, fuegos pirotécnicos de frases sarcásticas y comentarios para el bronce, una buena salida garantiza su rápida y reiterada publicación en los medios, una suerte de lotería publicitaria, potente y gratuita.

Con cierto grado de benevolencia, se podría comprender que los políticos y figuras de autoridad, sobre todo en el ámbito público, muestren claras faltas de respeto a sus adversarios, o que cometan reiterados desaires, con un olímpico desprecio al protocolo y los buenos modos, cuando están bajo presión, o mostrando la hilacha.

El pero está en el cargo que ocupan los personajes en la discordia irreverente, la cosa es que las autoridades públicas de diverso orden han sido envestidas para ocupar un cargo que, stricto sensu, no les pertenece, sólo lo desempeñan, ya que el cargo seguirá allí cuando algún otro los reemplace, por lo tanto, el cargo mismo merece respeto, su ocasional usuario tiene la obligación de respetarlo y hacerlo respetar, para entregarlo incólume a quien le suceda, que no sea un cargo para la chacota.

Nuestros próceres parecen olvidar lo que un político de la antigua Roma jamás olvidaría, la dignitas, el concepto de la dignidad del cargo, por encima de quien lo ocupe. El mundo de la política es inmisericorde, batallador y vehemente, debe ser así, pero eso no debe alterar los componentes del comportamiento a la altura de las circunstancias, de la autoridad con dignidad. Los políticos son un referente social, figuras públicas, tienen con la sociedad una obligación insoslayable, no están para la versión local del club de la pelea.

PROCOPIO

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