Opinión

Los milagrosos huesos de santo

Por: En el Tintero | 27 de Mayo 2017

Los pertenecientes a los inestables colectivos de la tercera, cuarta y otras milagrosas edades, suelen ser depositarios de leyendas, mitos, paparruchas y uno que otro proverbio cuya vigencia está por probarse al estar algunos a siglos de distancia del momento en que algún antepasado remoto puso por escrito un convencimiento probado.

Como ejemplo; para expresar la necesidad de extremar los resguardos frente a un objeto de enorme valor económico o sentimental, se solía comentar que se cuidaría de aquello como hueso de santo. Dando a entender que se daría a éste un tratamiento en extremo delicado, como si se tratase de una reliquia, la cual no pocas veces era precisamente un pedazo del esqueleto de un santo varón o intransable doncella, preservado y reverenciado.

Históricamente, sólo las iglesias de mayor importancia tenían el privilegio de cuidar alguno de estos vestigios, conseguidos, la mayoría de las veces, mediante procedimientos altamente cuestionables. Valiosos objetos de culto que solían ser la razón de su fama y motivo de frondosos y redituables peregrinajes de fieles en busca de milagros, sanación, felicidad, o fortuna, los que podían ser invocados en la cercanía máxima con la reliquia y de ese modo utilizar al santo o santa, de la reliquia en cuestión,  como altísimo intermediario ante los poderes mayores.

Para los creyentes y los agnósticos flexibles, resulta útil tener un santo para encomendarse, en vez de un parlamentario de buena sombra, ya que estos suelen estar ocupadísimos, para ser consecuente es preferible elegir un santo de bajo perfil, ya que los más famosos tienen tal cúmulo de solicitudes que la nuestra puede quedar en carpeta por tiempo indeterminado.

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