Opinión

Es la hora de sincerar el lenguaje

Por: En el Tintero | 26 de Mayo 2017

Aunque la mona se vista de seda, mona queda; para evitar problemas de género, resulta también conveniente recordar que aunque los monos se vistan de estudiantes, siguen siendo los mismos ignorantes. Ambas sesudas sentencias sirven para recordar que las apariencias no bastan, por lo menos no por mucho rato. A pesar de lo añejas de estas verdades y de la fuerte evidencia que no han perdido vigencia, los aires predominantes de escepticismo hacia lo antiguo abren un amplio pasillo por el cual se deslizan nuevas propuestas, menos pesimistas, más amistosas, más livianas y menos exigentes, ética aparte,  es posible que la pinta importe más que lo que se nos ha tratado de inculcar, que no sea realmente necesario ser auténticos, que baste ser un maestro en el encantador arte de aparentar.

En sentido contrario, hay que erradicar los contaminantes de la comunicación, aquellas palabras que pueden ser reemplazadas por la forma más común, la más sincera, la más limpia. Tener fiebre es tan decente como el aumento de temperatura corporal. Faltar a la verdad es tan feo como mentir. Evadir responsabilidades queda más claro si se describe al individuo que así actúa como irresponsable. Es verdad que se requiere en cierto esfuerzo, pero al mismo tiempo ofrece la estupenda oportunidad de reflexionar sobre lo que vamos a decir, no vestir una idea nueva con ropa prestada.

Cambiar en esa dirección, puede ser uno de los caminos que los políticos deberían recorrer para tratar de recomponer  su más que deteriorada imagen, empezar por usar las palabras que signifiquen exactamente lo que quieren decir, las de todos los días.  Asumir que la ciudadanía no padece de tontera irreversible y que está aprendiendo con rapidez a discriminar entre el trigo y la paja molida.

PROCOPIO

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