Opinión

Los niños primero

Por: Diario Concepción | 25 de Mayo 2017
Fotografía: Diario Concepción

Por: Francesca Parodi

Uno de los principales énfasis que ha querido marcar este gobierno es su intención de transformar el país. La desigualdad y los derechos son conceptos que han estado presentes en el discurso de la presidenta a lo largo de toda su administración, aunque los resultados de su voluntad transformadora no terminarán trayendo al país las mejoras esperadas.

Si le preguntáramos a cualquier chileno cuál es la reforma que más se ha conocido durante este gobierno, probablemente respondería que la Reforma Educacional. Sin embargo, la importancia que ha tomado este proyecto del gobierno choca al menos con dos realidades: por un lado no es una de las primeras prioridades para los ciudadanos –en todas las encuestas aparece muy por debajo de otras como salud, pensiones o seguridad– y, por otro, no es una verdadera urgencia cuando tomamos en cuenta otras realidades que necesitan tanta o más preocupación.

Este segundo punto es incluso más relevante que el primero, ya que al analizar el nivel de injerencia que tiene en el desarrollo de un individuo las distintas etapas educacionales y lo comparamos con el nivel de inversión que se pretenderealizar en cada una de ellas, podemos advertir una total desproporción.

Si bien es en la primera infancia donde el aprendizaje toma una relevancia específica en el combate contra la desigualdad –sobre todo en los primeros seis años de edad–, la importancia de la educación preescolar no se ha visto reflejada ni en el debate ni en la asignación de recursos de este proyecto, a pesar de las advertencias de muchos expertos. En este sentido, la gratuidad universitaria tendrá un costo estimado por el gobierno superior a los US$ 3.300 millones, equivalentes a 1,6% del PIB –como referencia, el Pilar Solidario representa 0,6% del PIB– mientras que la inversión preescolar es solo un tercio de aquello. Esta priorización del gobierno no es ética en lo más mínimo, sino que responde a meros criterios políticos.

Sabemos que a la educación superior ya se llega con todas las desigualdades que el sistema educacional impone durante la vida escolar, por lo que más que combatir esta brecha, se estaría replicando, lo que podría traer incluso mayor segregación si no se ataca el verdadero inicio de la desigualdad.

El problema de fondo no es la gratuidad en sí misma, sino el costo de oportunidad que una inversión de esta envergadura significa para el país en cuanto a las prioridades que, hasta ahora, quedan relegadas. Si realmente queremos un país más justo, nuestra prioridad debe estar puesta de una vez por todas en los niños, aunque electoralmente no sea rentable. Solo así atacaremos la desigualdad.

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