Editorial

La imposibilidad de no elegir

Por: Procopio | 27 de Agosto 2017

No hay intencionalidad alguna al indicar que se trata de un sustantivo femenino. La angustia, que se refiere a una ansiedad, preocupación, aflicción, agobio, amargura, sinsabor, consternación y abatimiento, estar en aprietos o dificultades. Fuera de estos pequeños inconvenientes, es una sensación no necesariamente mortal. Como cualquier palabra respetable, su origen es del latín, para describir estrechez, o angostura, por eso se parecen angustia y angosto.

Cuando tenemos que elegir algo importante, cuando optar tiene consecuencias serias e importantes, se cierne sobre nosotros, como una mal sombra, la angustia de la elección, es inevitable, incluso cuando desesperados por no poder resolver, decidimos no decidir, igual resulta en una toma de decisiones; hemos optado por no optar.

Se echa de menos la bola de cristal, adivinar el futuro, apropiárselo para así evitar el fracaso y asegurar el éxito. Pero la seguridad absoluta de acertar no existe, así que no queda más remedio que aprender a convivir con la posibilidad de equivocarnos al elegir y aceptar las consecuencias. La vida de todos los días está repleta de situaciones en las que tenemos que hay que elegir, algunas más simples, como una prenda de vestir, otras harto más complejas, nos la pasamos en esa práctica.

Aunque tratemos de olvidarlo, antes de cerrar el año, tendremos que optar nuevamente, esta vez por las personas que se harán cargo de la nave del Estado y nosotros en ella, elección muy difícil, porque equivocarse es durísimo. Como no hay opción de no optar, como ha quedado claro, hay que advertir que los riesgos de equivocarse disminuyen si se está informado de las implicancias, o sea, hay que tomárselo en serio.

 

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