Editorial

Los desafíos planteados por la nueva pirámide etaria

Por: Diario Concepción | 17 de Junio 2017
Fotografía: La Tercera

Los cambios que se observan en la sociedad raramente son de súbita aparición, por lo general se trata de fenómenos que evolucionan con lentitud, hasta alcanzar una masa crítica que los hace notorios y observables, como ocurre precisamente con el cambio de la pirámide etaria. La más de las veces, así como los fenómenos se hacen presentes en forma paulatina, la sociedad se adapta paulatinamente, salvo que así no ocurra y el cambio no enfrentado se transforme en un problema complejo e inabordable.

El año 1990 los mayores de 60 años representaban el 10,1% de la población chilena, mientras que en la actualidad este grupo etario constituye el 17,6%, lo que da cuenta de un sostenido aumento de los adultos mayores en el país. Es uno de los resultados de la Encuesta Casen 2015, mostrando el índice de envejecimiento, es decir, la relación entre personas de 60 años o más y la población menor de 15 años, revelando que en la actualidad en Chile hay 86 personas mayores por cada 100 personas menores de 15 años, en clara diferencia con el año 1990 en el cual el índice era de 35,4 personas mayores por cada 100 menores de 15 años.

Se ha instalado una nueva realidad, Chile no es un país de población joven, situación que ha dejado de ser un dato estadístico para pasar a ser una realidad apreciable a nivel doméstico, que es posible constatar cotidianamente, una circunstancia que se refleja en la composición de los hogares, efectivamente, en 2015, un 40,1% de los hogares a nivel nacional registraba la presencia de al menos un adulto mayor, lo cual sería, otra vez, un dato más, pero lo interesante es que en un porcentaje muy importante de esas familias, el 34,2%, los adultos mayores son, además, los jefes o jefas de hogar.

El aumento de la perspectiva de vida, en muchos casos ha estado acompañado de salud compatible con el mundo del trabajo, por lo cual la jubilación en la edad convencional plantea un problema aún no resuelto para este grupo de la población, la necesidad de mantenerse ocupado para dar sentido a su vida, además de ser en muchas oportunidades una necesidad ante la enorme fragilidad de los sistemas previsionales.
En este sentido, al referirse a las actividades de los adultos mayores, la información de la encuesta Casen revela que una proporción mayoritaria, superior al 85%, se puede calificar como autovalentes, es decir, que no presenta dificultades para cumplir con sus actividades de rutina, sin embargo, hay un número, evidentemente en aumento, que es funcionalmente dependiente, en esta situación se encuentra un 14,4% del total de personas de 60 o más años.
Las políticas adecuadas para hacerse cargo, como asunto de Estado, de este segmento en aumento de la población, es una tarea que los legisladores no debieran postergar, considerando además el valor que este grupo tiene para la coherencia de la sociedad. No es un dato irrelevante que en la misma encuesta aludida, al referirse a la participación en organizaciones sociales, los adultos mayores son los que presentan la mayor proporción con respecto al resto de los grupos etarios con un 34,4%, actuando sobre todo en juntas de vecinos, organizaciones religiosas y agrupaciones solidarias.
No se trata de una llamada a la sensibilidad social, o a iniciativas de buena voluntad, se trata de una realidad que la sociedad debe resolver en su conjunto, ante la innegable igualdad de derechos.

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