Editorial

Las lágrimas del joven venezolano

Por: Paulo Inostroza | 12 de Junio 2017
Fotografía: La Tercera

Protestas, muertes, escasez de alimentos y medicina. Venezuela sufre, mientras sus futbolistas más jóvenes jugaban con valentía frente a Inglaterra su primera final del mundo.

Hubo que levantarse temprano para verlos y ahí estaban. Un grupo de jovencitos huyendo de las carencias de un pueblo que llevan bien adentro, corriendo para darles una sonrisa que no basta, pero para que todo el mundo fije sus ojos en Venezuela, les ponga un micrófono y puedan contar lo que ocurre. Porque el fútbol es un perfecto lugar para arrancar y explotar, pero dura 90 minutos. El hambre, en cambio, parece que durara para siempre.

Venezuela llegó a Corea como sorpresa, dejando fuera del Mundial a Brasil. Una generación simpática, comandada por un chico bueno para la gambeta, un flaco medio alocado por la banda, el capitán que se para bien al medio y un arquero que da seguridad. En la banca, Rafael Dudamel, el mismo meta que en sus tiempos atajaba veinte por partido, pero igual recibía de a cinco. Es que Venezuela, la verdad, siempre fue el queso del continente.

La alerta la dio derrotando a Alemania en el debut. Parece que aquí algo hay. Después una goleada que varios miraron en menos porque “ni un brillo hacerle siete a Vanuatu”. Un equipo que muchos no sabían de dónde diablos venía. De pronto, había pasado primera fase con campaña perfecta y cero gol en contra. ¿Es de verdad este equipo? Y en su país, la gente del Gobierno llenándose la boca con que estos triunfos también son suyos, el apoyo a los atletas. Del otro lado, Dudamel no hallaba la hora de abrir la boca. De disparar sin muertes.

En algún momento se van a desinflar. Porque, bueno, en esta serie siempre tiene que ganar Italia, Argentina o los africanos. Y en las noticias leían sobre la muerte de Neomar, de 17 años, que pudo ser cualquiera de ellos. Pudo ser Peñaranda, Soteldo o Córdova, pero tuvieron la suerte de estar con una pelota en el pie y no una pistola en el pecho. Dudamel explotó y pidió que dejaran las armas a un lado, mientras en la cancha hacían frente a todo obstáculo, incluyendo esa mochila llamada historia, que en etapas finales algo pesa.

Maduro rechazado por 8 de 10 venezolanos y esta selección seguida por 10 de 10, democráticamente elegida como única alegría cuando el petróleo, la comida y los medicamentos se esconden de la necesidad. Cuando falta todo, ahí está el fútbol. Como humilde salvavidas del momento, mejor que nada. Y, de pronto, todos teníamos la vinotinto puesta, la de los más de 60 muertos en protestas, y queríamos que estos chicos lograran la hazaña y los no tan afortunados disfrutaran a lo lejos. Dolió el penal errado, dolió el pitazo final. Pero esas lágrimas son alentadoras porque significan un futuro próspero. En el fútbol, está claro que sí. Ojalá también ahí donde más importa.

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