Editorial

Los preocupantes enclaves de la violencia urbana

Por: Editorial Diario Concepción | 26 de Mayo 2017
Fotografía: Romilio Pasmiño

No se trata de un episodio de Chicago durante la ley seca, por mucho que si se busca pareciera haber similitudes en causas y efectos. En la ciudad de Valparaíso, entre el 29 de abril y el 20 de mayo, fueron asesinados a balazos, en plena vía pública, seis personas, una de ellas a metros del Congreso Nacional, más enfrentamientos a tiros en Viña e intercambio de disparos desde vehículos, con transeúntes parapetados detrás de vehículos estacionados. Una imagen que no corresponde a un país como el nuestro; la delincuencia compartiendo espacios con la gente de bien, en los lugares donde se vive y trabaja.

La inseguridad y la estructuración de sectores poblacionales segmentados por la pobreza y la delincuencia es una realidad que se ha ido profundizando, sitios donde la ley parece tener poco que hacer y en los cuales opera una implícita ley alternativa impuesta por el miedo y la violencia. Se describe, al recorrer algunas poblaciones de la parte de alta de Valparaíso, el escenario de la delincuencia, las pandillas y el microtráfico de drogas, tal y como ocurre en el sector sur de Santiago y otros enclaves en diversas ciudades chilenas: jóvenes en las esquinas consumiendo marihuana o pasta base, en estrechos pasajes con postes pintados y grafitis de  barras bravas y zapatillas en el tendido eléctrico para marcar el territorio.

Hay otros signos preocupantes, como la expansión a regiones de un fenómeno que incluye con progresiva mayor frecuencia el uso de armas y la venta, en forma de microtráfico, de sustancias ilícitas, con el importante resguardo que esta modalidad de distribución no significa poca droga, sino pequeñas cantidades, pero de alta frecuencia. Un negocio que de acuerdo con el análisis policial es efectuado por clanes familiares, compuestos por al menos tres integrantes con roles definidos: venta; almacenamiento y ocultamiento, y financiamiento y administración de las ganancias, un escenario perfecto para la conformación de bandas y consecuente rivalidad y violencia.

Según los antecedentes aportados por la policía, la droga más vendida en Valparaíso es la marihuana; le siguen la pasta base y la cocaína, siendo la mitad de la cannabis distribuida de cultivos locales, y el resto traída desde el extranjero, durante los últimos cinco años ha ido en aumento la presencia de mujeres liderando grupos de microtraficantes.

Se conforma de esa manera una situación con las características adecuadas para la perpetuación y robustecimiento de redes delictuales, la presencia de familias completas involucradas, una red de distribución establecida y suficiente, más el progresivo aumento de armas convencionales de alto calibre, a lo cual se añade la violencia motivada por predecibles surgimiento de rivalidades en un negocio altamente lucrativo, posible causa de las balaceras, venganza o amedrentamiento de rivales.

Lo que llama la atención es que los organismos de seguridad tienen completamente identificados los sectores donde estas actividades prosperan y crecen, son testigos cotidianos de gente honrada y trabajadora que teme hablar por temor a represalias, un escenario compatible con las barriadas sometidas a la acción de mafias, o pueblos sin ley, no con un país que presume de establecida institucionalidad.

Nuestra región no está ajena a estas circunstancias, por una vez sería deseable que las autoridades que correspondan reacciones proactivamente, no esperar las dolidas líneas de la prensa roja.

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