Editorial

Asuntos de mala crianza

Por: En el Tintero | 23 de Mayo 2017

Cuando las cosas parecen marchar un tanto al garete, cuando lo que está de moda es declarar que cada quien debe caminar a su aire, ejerciendo sin barreras su derecho a actuar como le parezca, cuando imponer reglas duras y trazar conductas parece ser un comportamiento indeseablemente anticuado, por no decir definitivamente erróneo, anticuado e insoportable, entonces es sorpresivo encontrar que justamente estas actitudes obsoletas logran resultados positivos.

Se hizo una serie de entrevistas a directores de centros educativos cuyo alumnado había logrado resultados significativamente por sobre la media nacional y entonces, a pesar de matices y énfasis levemente diferentes, la circunstancia común descrita por profesores, directores y personas ligadas al mundo de la enseñanza, cuando se referían al por qué a sus alumnos les había ido mejor que a los otros, fue el respeto mutuo, el orden, la disciplina… Es decir, con inaudita tranquilidad estaban aludiendo a valores propios del siglo pasado y, para muchos, felizmente superados, aquellos que establecían marcos de comportamiento a los cuales, difícil de imaginar, había que obedecer.

Dejando de lado años de lucha estudiantil para establecer políticas de autodisciplina y con el beneplácito de las autoridades de muchos colegios, impedir que los profesores se permitieran arbitrariedades, como hacer callar a los estudiantes durante las clases, interrumpiendo el libre flujo de las ideas, con el ridículo argumento de revisar algunos contenidos que aparecen, sin justificación suficiente, ni previo acuerdo, en el plan de estudios.

Tal parece que varios siglos de disciplina académica ofrecen advertencias que los más progresistas no deberían olvidar.

PROCOPIO

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