Economía y Negocios

Marcelo Cicali: “Las aspiraciones de nosotros los empresarios no sólo deben ser materiales”

Por: Edgardo Mora | 26 de Agosto 2017
Fotografía: Romilio Pasmiño

La primera pregunta que se hicieron algunos fue: ¿Qué hace el dueño del Liguria en un encuentro de empresarios? Sin embargo, no todos saben que Marcelo Cicali, gerente espiritual del afamado bar y restorán de Santiago, ya había participado en Icare 2015.

Como empresario gastronómico, Cicali partió en el Liguria en los años ‘90 desde donde ha sobrevivido a los cambios ocurridos durante los casi 30 años de su existencia.

– En el Icare 2015 parafraseó a Darwin y hoy lo hace en el Erede 2017. ¿Cuál es la enseñanza para las empresas?
– Darwin decía que la especie (empresa) que sobrevive, no es necesariamente la más fuerte, sino que la que se adapta mejor a los cambios y eso creo que también pasa en las empresas que son capaces de ver los cambios que se avecinan y adaptan sus estructuras a esos cambios son las que van a sobrevivir.

– Pero las Pymes que enfrentan problemas de acceso al financiamiento, ¿cómo deben adaptarse?
– Ese es el gran problema que tenemos que conversar con los ministros y con el Gobierno que viene, porque no tienen acceso al crédito y están hipotecando las casas de sus papás.

– En Icare 2015 también mencionó que “aquellos que buscan ganar sin respetar reglas, no son verdaderos empresarios”…
– El que busca ganar sin respetar las reglas es simplemente una persona que tima, que estafa. Eso es y creo que hay que decirlo claramente, sin eufemismos, porque los empresarios tenemos que respetar las reglas y a la comunidad además de crear convivencia, porque somos nosotros los actores los llamados a crear esta convivencia con el entorno en el que estamos.

– ¿Mejorar el crecimiento económico nacional pasa por mejorar las relaciones de la empresa con su entorno?
– Absolutamente. Si no es así no hay crecimiento o ¿el crecimiento para quién es, para las puras empresas y sus accionistas? Como decía Eugenio (Tironi), no puede ser que el fin de una empresa sea sólo crear mayores utilidades para sus accionistas.

– En esta relación de empresas con su entorno, ¿Qué relevancia tiene el aspecto cultural?
– Hasta el momento no ha tenido mayor importancia, porque hasta el momento ha estado disfrazada por un montón de frases hechas por parte de las empresas como Responsabilidad Social Empresarial, pero si el empresario no forma parte de la cultura de su hábitat es imposible que su empresa lo haga.

– ¿Podría decirse que la cultura pasa a ser un activo que agrega valor a la empresa?
– Absolutamente, pero no sólo importa la empresa, sino que el empresario es el líder que debe estar y habitar su empresa sus faenas y conversar con sus vecinos e inspirar a sus trabajadores, hablando y promoviendo buenas prácticas con sus proveedores.

– ¿Cómo fue su proceso de pasar de las juventudes comunistas al ser empresario?
– Milité en las juventudes comunistas hasta los 19 ó 20 años, luego me vi en la barra de un bar que para mi fue volver a estar en la trinchera.

– ¿Se pude decir que ahora promueves cambios desde tu ser empresario?
– Mi nueva trinchera desde el año ‘90 es estar en la barra de un bar, porque es importante estar en la barra como es importante estar en la empresa. Las aspiraciones de nosotros los empresarios no sólo deben ser materiales, tienen que trascender nuestro tiempo como por ejemplo la construcción de un Chile mejor.

– Imaginemos por un instante que la cocina del Liguria es la economía de Chile. ¿Qué ingredientes consideraría para un buen plato único?
– Justicia, lucha por la desigualdad, inclusión, respecto y, por sobre todo, cariño, amar lo que hacemos.

– ¿Cuándo se abrirá un Liguria en Concepción?
– Nunca.

– ¿Por qué?
– Porque el Liguria es un bar que nació, creció y va a morir en Santiago. Somos profundamente regionalistas, pero de Santiago. Me encanta que acá en Concepción existan restoranes como el 1550, el ex Cariño Malo que ahora se llama Casa de Salud, el Mar y Limón de San Pedro, me encanta que exista tanta vida gastronómica. No tenemos que venir los Santiaguinos a opacarlos.

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