Cultura y Espectáculos

Una pesadilla viviente: IT

Por: Esteban Andaur | 01 de Octubre 2017
Fotografía: Cedida

La nueva adaptación de la novela de Stephen King es efectiva en los sustos que produce, aunque el énfasis está puesto en el drama de cada uno de los niños atormentados por el payaso Pennywise.

En 1990 se emitió la miniserie de dos capítulos It, adaptación de la novela homónima del maestro del terror moderno Stephen King. Protagonizada por un inolvidable Tim Curry como Pennywise el Payaso Bailarín, It cautivó y aterrorizó a toda una generación, y hasta hoy posee un encanto especial. Sin embargo, si es icónica, se debe más a la trascendencia de la interpretación de Curry que a cualquier otra cosa.

No he leído la novela, por lo que no puedo ponderar cuán fiel es la miniserie al libro. Y tampoco cuánto lo es la nueva adaptación cinematográfica. It (2017), dirigida por el argentino Andrés Muschietti (Mamá [2013]), se diferencia de la miniserie en dos cosas; está contada de forma lineal, sin flashbacks, y la historia está más o menos actualizada, ya que transcurre en 1989. Pero preserva su división en dos entregas. Éste es el Capítulo Uno del filme; el segundo se estrenará el próximo año.

En It la violencia emerge sin ser sugestiva, como lo era en la miniserie, y eso le resta miedo a la atmósfera; uno se queda esperando el momento del susto, pero no teme durante cada fotograma. No obstante, los sustos son muy efectivos, pues la película consigue involucrarnos con los personajes en un nivel más profundo que hace 27 años. Cuando uno teme, uno teme por ellos.

It transmite un poderoso sentimiento de melancolía, ya que enfatiza el drama por sobre el terror. Trata de un grupo de siete amigos, el Club de los Perdedores, quienes soportan matonaje por parte de sus compañeros de escuela, y cada uno posee un trasfondo trágico que los une. Pero lo central es que los Perdedores son atormentados por una entidad sobrenatural y ubicua, que se transforma en sus miedos personales para devorarlos, llamada It (o, en español, Eso), y que resurge en Derry, el pueblo donde viven, cada 27 años, a menudo asumiendo la forma de un payaso. Este remake no se estrena en 2017 porque sí; dicha circunstancia dota al filme (y a su historia) de un aura aún más terrorífica desde lo visceral.

El líder de estos personajes, Bill Denbrough, busca a su hermano menor Georgie, tras haber éste desaparecido sin dejar rastro. La última vez que se supo de él, fue cuando salió con un barquito de papel a jugar a la calle, que el propio Bill le regaló, en un día lluvioso. La interpretación de Jaeden Lieberher como Bill conduce toda la acción en el filme, ya que es el personaje con el conflicto espiritual más pesado.

Su lucha interior se divide entre el aislamiento que sufre en la escuela, unos padres de luto por la pérdida inexplicable de un hijo, su propio duelo culposo, y la crisis por la que atraviesa su grupo de amigos, al ser cada uno y juntos atacados por It. Bill es un chico vulnerable y, por lo mismo, su heroísmo emerge con una pureza propia de los grandes héroes de las historias. Es a través de Bill que creemos en un eventual triunfo de estos amigos, y nos compadecemos por ellos.

Sin embargo, la mejor actuación del filme le pertenece a Sophia Lillis como Beverly Marsh. Bev es abusada sexualmente por su violento padre, que le prohíbe una serie de cosas a su hija, propias de su edad, como salir con otros chicos. El personaje pudo haberse convertido, en las manos equivocadas, en un cliché. Pero en las manos de Muschietti, tenemos a una muchacha herida, valiente y empática; uno esperaría que le tuviera odio y temor a los hombres, más se convierte en la única niña del Club de los Perdedores, y es proactiva y más fuerte que varios de ellos. Lillis le insufla al papel una madurez anacrónica para su edad, se roba cada escena en la que aparece, y crea a un ser humano complejo, el personaje más realizado de It. A esta joven actriz le aguarda un futuro auspicioso en el cine.

Por otra parte, considero que uno de los miembros del Club no está bien desarrollado, el chico afroamericano Mike Hanlon. Es hijo de una familia de granjeros, y su padre lo amedrenta para que ejecute tareas inapropiadas para su edad, pero que comprenden la vida del granjero. Más allá del matonaje racista de que es víctima, el guion reduce al personaje a una serie de viñetas que justifican su aparición en el filme, pero que no le permiten crecer afectivamente en el espectador. Y es una lástima, pues era el personaje cuyo trasfondo social lo hacía el más interesante de los Perdedores.

En cuanto al payaso Pennywise, Bill Skarsgård (a quien ya vimos en Atómica) entrega una interpretación bastante distinta a la legendaria personificación de Tim Curry. Mientras que Curry era más un payaso tradicional, gracioso, cínico y tenía la voz de un monstruo humano (que era su enfoque), Skarsgård, de veintisiete años (¿casualidad?), y diecisiete menos que Curry cuando hizo la original It, luce ominoso desde el minuto en que lo vemos.

El actor lo caracteriza como un psicópata disfrazado de payaso, algo así como recién escapado de un manicomio, que intenta ser amigo de los niños. Tiene una risa y una voz chirriante, y como el terror está casi siempre contenido en escenas cuyo propósito es asustar, llega un punto en que Pennywise deja de dar miedo, pero su presencia se mantiene siempre perturbadora. Skarsgård no lo hace mejor que Curry: ambos se acercan al personaje de maneras eficientes y propias, haciendo que Pennywise sea una imperecedera creación terrorífica, dependiente del histrionismo del intérprete.

Asimismo, este Pennywise luce diferente al de 1990. Su disfraz está inspirado en la indumentaria isabelina y victoriana, por ejemplo, y el maquillaje y la peluquería son eficientes en crear un rostro inconfundible para el personaje, como si fuera su propia piel, y haciendo que Skarsgård sea irreconocible en el papel.

It funciona como una mezcla orgánica entre la serie de Netflix Stranger Things (claramente, inspirada por la novela It), la cinta Cuenta conmigo del ‘86 (basada en un cuento de King) y las cintas adolescentes de John Hughes de los 80. Y gracias a la dirección sensible de Muschietti, hábil en confundir nuestras percepciones y mantener la intriga fresca a través del relato, tal como lo hizo en la eficaz Mamá, It nos ofrece un relato donde los miedos más íntimos se convierten en realidad, como una pesadilla viviente. It será Eso para muchos espectadores.

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