Cultura y Espectáculos

Lo mejor del Festival de Cannes se vio en el Festival de Cine de Santiago

Por: Esteban Andaur | 03 de Septiembre 2017
Fotografía: Cabros de mierda

Una nutrida programación tuvo esta nueva versión del certamen, uno de los más importantes en cuanto al séptimo arte que se realiza en Chile. A continuación, un detallado repaso por algunos de los títulos más importantes que se presentaron en su cartelera. Excepto por Cabros de mierda y Una serena pasión, las demás películas se mostraron con éxito y fueron premiadas en las últimas versiones del Festival de Cannes.

Makala (2017) de Emmanuel Gras

El largometraje documental Makala nos muestra la vida de un granjero vendedor de carbón en África, desde que lo produce hasta que viaja a una feria, a muchos kilómetros de distancia de su hogar, para venderlo. Tiene una hija pequeña a quien darle de comer, una esposa también, y más hijos en la aldea donde se asienta la feria.

La película sigue la rutina del granjero paso a paso, desde que corta un árbol con un hacha, hasta que se encamina a la feria. De hecho, la mayoría del metraje está centrada en el camino. El granjero avanza con sacos de carbón que amenazan con colapsar la escuálida bicicleta a la que van amarrados; los sacos son el pasajero de la vieja bici, no el granjero, quien sólo la empuja por días hasta llegar a su destino.

Uno podría culpar a la película de ser monótona; un poco de síntesis en esta parte de la historia no le habría sentado mal a nadie. En su cortometraje Être vivant (2013), Gras nos entregó una especial reflexión sobre la condición humana, copiosa en palabras en off y excesiva en imágenes de calles francesas. El resultado era bello, provocador, aunque, innecesariamente, exigente. Pues Makala cae en lo mismo. Si nos ponemos convencionales, la película necesita mucha agilidad. No obstante, luego pensé que todo culmina en una gran escena de éxtasis religioso. Y es que el filme tiene un poderoso tono espiritual. Las penurias que el granjero debe soportar camino a la feria, en casa, y en su propio cuerpo y alma (dudo que él haya tenido más elección aparte de esa vida para sí), parecieran ser una especie de pasión y el éxtasis final, su ascensión: una metáfora cristiana sobre el lugar de un hombre en el mundo, invisible hasta que Gras llegó con su cámara.

La lentitud, la insistencia en los detalles nimios de este viaje, convierten la rutina de este hombre africano en una purga espiritual para el espectador. Él está solo tanto tiempo en pantalla, únicamente con nuestra compañía en las butacas, que la empatía es inevitable. Makala es una contemplación sutil, compleja, desafiante, sobre el hombre y la tierra, en el más divino de los sentidos.

Una serena pasión (2016) de Terence Davies

Mi primer contacto con la obra de la poetisa estadounidense Emily Dickinson fue en la película El piano (1993). El tema musical más emblemático del lírico film llevaba por título The Heart Ask Pleasure First; compuesto por Michael Nyman. Es una de mis piezas musicales favoritas del cine y en general. El título siempre me cautivó: creía entenderlo a un nivel literal, pero tal inmediatez no era suficiente; era literario, pues el error sintáctico del título era intencional. Pero ¿era un error?

Era un verso de Dickinson, y el poema que lo contiene es recitado en off por la poetisa en una conmovedora escena en la sala de estar de su casa, cuando todos duermen y sólo ella, todavía joven, está despierta. La vida de Emily Dickinson es, finalmente, retratada en la pantalla grande por Terence Davis en la hermosa Una serena pasión.

Cynthia Nixon es la encarnación perfecta de la Dickinson adulta, y esta es la interpretación de su carrera. Al verla en el filme, uno entiende la psiquis de su personaje: necesitaba de un lugar estable donde escribir, donde su imaginación fuera libre y no fuera contaminada por la realidad; anhelaba vivir el amor romántico, y sus rutinas caseras le permitían disciplinar sus creatividad.

A través de su escritura, Dickinson purgaba sus tormentos, sus inseguridades, su amor a su familia, sus sueños, sus consuelos y sus exigencias al mundo y al Cielo. Era rebelde, y su personalidad pudo ser una razón más para permanecer siempre en casa; su sensibilidad era como una herida abierta, pues aquella sociedad no apreciaba a las mujeres, menos si eran artistas.

Rara vez en el cine se ha exaltado la vida de un escritor desde lo etéreo y lo corpóreo, como en esta bella y profunda biografía. Los diálogos se mimetizan con la poesía de Dickinson, y ella emerge como una maestra y una musa. Tal vez un alma gemela.

La cordillera (2017) de Santiago Mitre

La premisa es cautivante: los presidentes sudamericanos se reúnen en un hotel chileno de la Cordillera de Los Andes, para firmar un acuerdo sobre la comercialización del petróleo. Santiago Mitre dirige La cordillera, que intenta ser un thriller político y acaba siendo un drama con un conflicto confuso e insatisfactorio.

Los problemas son palmarios desde la secuencia de créditos iniciales, en la que el personaje principal, el Presidente de Argentina Hernán Blanco (Ricardo Darín), pues, no aparece. Todo aquí son diálogos expositivos, que revelan poco y nada sobre quién es este presidente, en cuyas capacidades de estadista nadie pareciera confiar. Por lo tanto, no hay mucho de qué preocuparse, pero sí bastante que entender. Entonces ¿por qué hay una música que unifica estas escenas iniciales? Como no hay sentimientos que subrayar, la música nos distrae del relato, y eso es nefasto para las primeras escenas de cualquier película.

Y la música es un problema en La cordillera. Aunque hay momentos en que la partitura consigue crear una atmósfera especial, es prescindible y para nada memorable. Ya en los créditos finales supe que Alberto Iglesias, el histórico compositor de Almodóvar, compuso esta banda sonora. Sin embargo, no creo que sea un mal trabajo musical, sino que si en la película estas melodías no funcionan, es porque Mitre no supo colaborar con Iglesias.

Paulina García y Alfredo Castro tienen papeles ingratos, ella como la Presidenta de Chile, él como un psiquiatra santiaguino. Aquí ve mos a dos grandes talentos desperdiciados en papeles que carecen de sustancia dramática.

La cordillera prometía mucho y habría funcionado de haber sido una sátira como Dr. Insólito (1964), que es evocada en un par de planos; en cambio, adolece de excesiva solemnidad y, salvo unos cuantos clichés, no tiene la menor idea de cuál es el propósito de su historia.

Good Time (2017) de Josh y Benny Safdie

Este filme de los hermanos Josh y Benny Safdie involucra, como ellos mismos, a dos hermanos. Uno de ellos, Connie, interpretado por Robert Pattinson, es un criminal que ama a su hermano y lo saca de una institución psiquiátrica. El hermano en cuestión, Nick, es interpretado por el codirector Benny Safdie. Pese a los problemas mentales de Nick, Connie es el único ser humano en el mundo que lo trata como un igual, y, por ende, desconfía de los tratamientos médicos que ha recibido.

Pero luego de que Connie y Nick roban un banco, la policía captura a Nick, y por el resto de la película vemos los intentos desesperados y extremos de Connie por liberar a su hermano y huir juntos de Nueva York en una noche inolvidable.

Good Time es una de las películas de crimen más audaces de los últimos años. Tiene la sordidez y la innovación estética de clásicos como Taxi Driver (1976) de Martin Scorsese, quien incluso es mencionado en los agradecimientos de la película. Scorsese fue la inspiración de los Safdie.

Un personaje importante en Good Time es la propia Nueva York, fotografiada y montada con energía, fluidez y colores de neón. El filme luce muy bien, y la música electrónica de Oneohtrix Point Never es estimulante, embriagadora. Y pone en vergüenza a los thrillers comerciales contemporáneos; Good Time se enfoca en una narración libre de convenciones, es chocante, ofensiva, e inesperadamente sutil.

Connie es un psicópata, pero su lucha por que su hermano viva libre es lógica; esta dinámica entre el personaje y su propósito es la gran provocación del filme. Connie entiende que Nick no merece ser discriminado, digamos, con el permiso de las instituciones psiquiátricas. Lo que Connie busca es adaptar a su hermano marginado a la sociedad, aunque ésta se lo impida. Esta visión urbana puede ser oscura, mas al final del día habrás pasado un Good Time.

Personal Shopper (2016) de Olivier Assayas

En esta obra maestra de 2016, Maureen (Kristen Stewart) trata de hacer contacto con el espíritu de su hermano gemelo, un médium que le prometió darle una <> desde el más allá una vez que muriera. Además, es la personal shopper de una famosa modelo, y es durante sus compras alrededor de las capitales de la moda en Europa, una extraña presencia la acosa y hace que cuestione su propia existencia.

¿Se trata de su hermano que está haciendo contacto? Si lo es, ¿por qué no se manifiesta con claridad ante Maureen? ¿Cuál es el propósito de tanto misterio? Maureen está asustada, su percepción de la realidad comienza a cambiar; conoce aspectos de la vida de su hermano que desconocía, y la experiencia sobrenatural que la atormenta la hace descubrir zonas oscuras de sí misma de las que no era consciente antes.

La mayor parte del tiempo vemos a Maureen sola en, rodeada de sombras espesas que parecieran ser su única compañía. ¿O son fantasmas?

Una persona desconocida le manda inquietantes mensajes de texto a Maureen, escarbando en sus miedos más profundos, y en sus deseos ocultos. Maureen detesta a la modelo para quien trabaja, y ésta no le deja probarse su ropa cuando Maureen la compra. En los mensajes anónimos, Maureen es tentada a ponerse la ropa de la modelo en su ausencia. Maureen lo hace. ¿Para fingir que es otra persona? ¿Para satisfacer un deseo sexual reprimido? ¿Es por ese deseo que dice odiar a su empleadora? ¿Y cómo se relaciona esto con su hermano muerto? ¿Es él detrás de los mensajes? ¿O es el mismísimo diablo tentándola hacia la oscuridad?

El elemento gemelo es la primera señal de la devoción que la película profesa a las dualidades: los hombres y las mujeres, la fama y la espiritualidad, lo deseado y lo temido, el sexo y la muerte. Maureen es desafiada a transgredir sus límites personales para liberar su erotismo por la vida. O libido. Cada fotograma del filme exuda una lascivia existencial.

Personal Shopper es original, profunda, audaz en su estética ecléctica, impredecible en su narración. Y su complejidad psicológica estriba en la vida y sus preguntas atávicas e infinitas.

Cabros de mierda (2017) de Gonzalo Justiniano

Gladys es dueña de una casa en la Población La Victoria donde alberga a varios ni- ños, todos hijos de detenidos desaparecidos de su población. Es el año 1983 y a la casa llega un misionero estadounidense aficionado a la fotografía, Samuel Thompson, con quien formará una conexión especial en medio del violento clima político de Chile, y que definirá la vida de Sam.

Cabros de mierda es a la mejor película que ha dirigido Gonzalo Justiniano, la mejor película de ficción chilena en varios años, y que marca la primera vez que veo retratada la cotidianeidad del pueblo durante la dictadura militar de una forma realista. Cabros de mierda está lejos de versiones mentirosas de la dictadura vistas en el cine y la TV. El filme de Justiniano es emotivo y no cae en el melodrama; porque es una película que se afirma en hechos verídicos y emociones honestas.

Gladys y Sam son interpretados por Nathalia Aragonese y Daniel Contesse, respectivamente. El rostro de Aragonese cumple con el fenotipo que el director asocia con la belleza femenina en su cine y, además, la actriz tiene un rol dual como Gladys y la hija adulta de ésta, la baby Gladys. Esta doble interacción le permite a Contesse mostrar los diferentes matices que el guion requiere de su estoico personaje, inocente y puro debido a su origen religioso, y en quien, pese a su nacionalidad, repercuten las consecuencias de la intervención política en Chile de sus compatriotas.

Justiniano expresa su punto de vista personal, pero no intenta armar un discurso político desde lo panfletario, sino desde lo fáctico, incorporando al metraje registro audiovisual de 1983 que él mismo filmó en La Victoria y que ahora forma parte del archivo del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (en el filme, es Sam quien hace el registro).

Que la historia esté ligada al Museo de la Memoria hace a Cabros de mierda una película sobre la dictadura totalmente contemporánea, sólo posible de ser realizada en nuestros tiempos.

The Square (2017) de Ruben Östlund

La Palma de Oro en Cannes. The Square es una instalación de la argentina Lola Arias, que promueve la empatía entre las personas, puesto que dentro de un cuadrado todos tenemos los mismos derechos y deberes. Pero Christian, el curador de un museo en Suecia, no sabe cómo promocionarlo. The Square (2017) es un magistral filme lleno de sátira existencial y un incesante ingenio.

Lo principal en la película es la moral. Cuando la publicidad de The Square es aborrecida por su violencia, uno piensa si lo verdaderamente reprochable es la publicidad en sí, o cuánto ésta expresa el espíritu de la obra de arte que promociona. Si hay una incongruencia entre ambas cosas, pues yo la tomo como una agresión hacia el artista.

Pero que la violencia en la publicidad sea cuestionable es otro asunto, pues eso depende más de si su contenido lo merece. ¿Cuándo empieza y termina la libertad de expresión? ¿Cuando lo dicen las convenciones de lo comercialmente masivo? También puede interpretarse como la oportunidad de los publicistas de posar como artistas a costa del trabajo de otros (quizá los simios sean mejores artistas). O también como la irresponsabilidad de Christian de supervisar la publicidad de las obras expuestas en su museo; es un personaje muy ensimismado en las nimiedades de su vida pública.

Que la película no tenga una estructura clara es un deleite estético y una libertad en sí misma, pues la historia es compleja y entretenida, y aunque sea demasiado larga, las escenas siempre desarrollan diferentes matices de sus personajes; el filme siempre es fascinante. Y ya que el cine está hecho de un cuadrado, (de hecho, empezó como uno [formato académico]), ¿cuáles son nuestros derechos y deberes dentro de él? Esto es The Square

El seductor (2017) de Sofia Coppola

Sofia Coppola sorprendió a Cannes con El seductor, su remake de The Beguiled (1971), protagonizada por Clint Eastwood; y se convirtió en la segunda mujer en la historia del festival en ser premiada por su dirección.

En plena Guerra Civil de EE.UU., un herido soldado yanqui (Colin Farrell) es rescatado por una escuela para niñas. En un período en que todos los hombres estaban en el campo de batalla, el soldado es el primero con quien las mujeres del establecimiento tienen contacto en mucho tiempo. Naturalmente, esto despertará el deseo en una joven alumna (Elle Fanning), una profesora (Kirsten Dunst) y la directora (Nicole Kidman), lo cual causará terribles conflictos dentro de la escuela.

Coppola eliminó elementos importantes del filme del ‘71, como la esclava, una relación incestuosa, y los flashbacks ; Coppola quiere que vivamos en el momento y dentro de la casa, al igual que sus personajes. Quiere hacernos sentir su represión.

Coppola despliega en cada escena un estilo preciosista y sutil. La dirección de arte y el color de ciertos vestuarios parecen sacados de un cuento de hadas, y el sentimiento fantástico es realzado por la iluminación a veces gótica del filme. El calor del clima se mimetiza con el calor interior de los personajes, pues el erotismo es el corazón del filme. En cuanto al diseño de sonido, las explosiones que se oyen a lo lejos siguen un patrón de ritmo, como si fuera la música de la muerte.

Si las mujeres se agrupan a fisgonear detrás de las puertas, es porque se les niegan muchos espacios de libertad en la vida diaria. Si surge violencia entre hombres y mujeres, es porque a ambos se nos ha enseñado una percepción errónea del deseo y la correspondencia del amor, no porque seamos enemigos. ¿O será nuestra naturaleza? El seductor es un sabor diferente al de la original, pero es igual de provocadora e introspectiva.

Graduación (2016) de Cristian Mungiu

En Graduación, Romeo Aldea, un médico de un pequeño pueblo de Rumania, se enfrenta a una dura crisis existencial, cuando su hija Eliza es atacada afuera de su colegio, y a sólo días de rendir sus exámenes finales que determinarán su futuro universitario, antes de su graduación.

Esta gran película del director Cristian Mungiu, aborda el tema de la educación en la actualidad y su impacto en sociedades pequeñas. La fotografía austera se torna poderosa en escenas sostenidas por diálogos hermosos y profundos, piezas de literatura en sí mismos, que revelan el gran sufrimiento que instituciones sociales impenetrables, inflexibles, que regulan la educación, la salud, el comportamiento, traen a las familias.

La película es conmovedora y aguda al observar el idealismo con el que suelen comenzar los matrimonios, sólo para enfrentarse a la cruda realidad de la vida una vez tienen que criar hijos; no por el cliché de renunciar a las libertades personales, sino por la moral contradictoria que el sistema impone a las personas, donde se abusa de los derechos civiles, y donde los resultados importan mucho más que los aprendizajes, conocimientos y los valores humanos. Tal es la basura donde crecen los niños.

Romeo es un hombre vulnerable. Ha puesto todas sus esperanzas en Eliza para que se vaya a estudiar a Londres, una sociedad mejor que la rumana, y tenga la vida que él no pudo tener. Su esposa se muestra resiliente ante la reciente tragedia familiar que deben enfrentar, y es tanta su madurez, que quizá eso motivó a Romeo a tener una amante. Tal vez Romeo piensa que cuando una mujer es más sabia, está descartándolo como hombre, pero la verdad es que él es, simplemente, demasiado infantil. Su actitud rencorosa es, no obstante, válida, ya que vive en un lugar donde cumplir tus sueños es imposible, la gente es impasible al dolor ajeno y la violencia está desatada en las calles.

El plano final es uno de los más indignantes del cine actual: pese a todos los cortapisas que el sistema le da a las personas para desarrollar su potencial humano, pese a la ilusión de una sociedad perfecta que lo que hace es incentivar la ilegalidad, todos deben sonreír para la cámara. Puede ser una fotografía social muy cercana para soportarla.

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