Cultura y Espectáculos

Auge y caída de un local nocturno

Por: Diario Concepción | 26 de Agosto 2017
Fotografía: Diario Concepción

Por Cesar Valdebenito

Hace años leía mis cuentos y poemas en el 30 y tantos, un pub ubicado en el Barrio Estación, el cual tuvo su auge en los ‘90. Leía una o dos veces a la semana y a cambio el dueño del local me daba unas copitas de borgoña, dos empanaditas y algo de dinero. Me sentía como un héroe. Salía a escena dos veces a la semana, cerca de las 23 horas, cuando el local estaba desbordado de gente y energía. Un día el propietario de otro local, El Sandunga, vio mi puesta en escena y cómo me aplaudían y me ofreció más plata. De inmediato le dije al dueño del “30 y tantos” y me dijo “Si te pueden pagar más, te felicito”. Me abrazó y me deseó lo mejor.

Al día siguiente fui a contarle la buena noticia al dueño de El Sandunga, pero al parecer lo habían visitado primero unos amigos de Raúl. Parecía otra persona, había cambiado física y anímicamente, como si una patota de energúmenos lo acabara de asaltar. Con voz débil, me aseguró que había decidido retirarse del negocio de los locales nocturnos, que planeaba cerrar e irse a Arica o Antofagasta porque le habían dicho que allí habían mejores expectativas. Luego, me aconsejó seguir con lo mío, que continuara leyendo mis cuentos y poemas en el 30 y tantos, que ya tenía un público cautivo que me consideraba un escritor de primera, un diamante en bruto, y que mi puesta en escena era una mina de oro. Pensé: “Mi mejor crítico literario es un pobre hombre que acaban de apalear”.

Así que continué haciendo mi show en el 30 y tantos, un lugar excelente en donde la comida era estupenda y el público maravilloso. Era el local de moda en aquel entonces, donde llegaban universitarios, profesionales jóvenes y estrellas de TV. Seguí siendo un hombre dichoso y tiempo después decidí tomarme un año sabático, encerrándome en mi estudio a escribir mi segundo libro.

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