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Las graves consecuencias de las amenazas por redes sociales

Por: Carolina Abello | 07 de Septiembre 2017
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Académicos coincidieron en que lo más grave es el daño permanente  tras estas “funas”, ya que la información queda en el ciberespacio y en la memoria colectiva.

Conmoción causó, hace casi un mes, el suicidio de un estudiante de Trabajo Social de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.

No sólo por el hecho de que alguien tan joven se quite la vida, sino por las circunstancias que rodearon su fallecimiento: semanas antes, sufrió una “funa” en la Universidad, al haber sido acusado, sin pruebas reales, de acoso sexual. Incluso los paraderos cercanos al campus aparecieron llenos de letreros con su nombre y las acusaciones en su contra.

No es la única persona que ha sido víctima de acusaciones en redes sociales. En páginas de Facebook y otras redes se ve a menudo denuncias de robos, agresiones entre vecinos, acusaciones de no pago de pensión de alimentos y otros. Y aunque a veces las personas  comprueben su inocencia en el sistema judicial, los dichos en su contra quedan en la memoria colectiva y son imposibles de borrar.

Héctor Abarca, asistente social y académico del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias  Sociales de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, la muerte del estudiante “es un tema delicado del que no tengo mayores antecedentes y al que prefiero no referirme, porque hay mucha gente que sufre presión en las redes sociales y su conducta no es esa, entonces no es una relación causal”.

En cuanto a la violencia en redes sociales “es bastante fuerte. Nosotros hemos tenido estudios de Tesis sobre la violencia en el pololeo y aparece que el uso de las redes sociales es el principal mecanismo. Hay algunas que nosotros los adultos ni siquiera conocemos, como salas de citas, donde los jóvenes son muy agresivos verbalmente. Esos espacios existen y no siempre nos damos cuenta”.

En esas redes, explicó que los más descalificadores son los hombres hacia las mujeres y lo que más usan es el plano de la sexualidad, “y el teclado aguanta todo, entonces descalifican y acusan. Hay violencia de otro tipo, pero lo que más se ve es hombres jóvenes a mujeres descalificándolas por su conductas sexuales”.

Para el académico, el fenómeno se inicia incluso en colegios, en la enseñanza media, ya que hay estudios que indican que la iniciación sexual parte entre los 12 a 13 años. La dinámica de ejercer esa sexualidad también cambió, ya que antes se ejercía en un contexto de pareja, “y ahora los adolescentes creen que no es necesario tener una pareja para tener sexo”.

Y lo peor son las consecuencias de estas amenazas en las redes sociales, precisó, “porque todas las campañas indican que lo que uno sube a Internet, no desaparece jamás. Y los que descalifican lo tienen más que claro, saben que eso es lo que va a pasar: yo digo algo malo de alguien, y aunque esa persona haga esfuerzos sobre humanos por desmentirlo, una vez que se subió, quedó. Entonces creo que por ahí va el atractivo, por decirlo de una manera, para los adolescentes de usar este tipo de plataformas”.

La psicóloga de la Fundación Honra, Francisca Cuadros, concordó con Abarca en lo impresionante del fenómeno de las redes sociales. “Es cosa que alguien quiera publicar dañar a alguien, lo acuse de lo que quiera y le hagan estas funas para que alguien se quiera suicidar, por ejemplo. Creo que esto va creciendo y que es poco lo que se puede hacer. Sólo queda apoyar sicológicamente a quien está sufriendo esto, a través de distintas organizaciones y fundaciones como la nuestra,  porque hay muchas personas que se encuentran con esto y no saben qué hacer”.

Agregó que también deben buscar asesoría legal, para poder quitar la información de Internet, e iniciar procesos contra quienes los dañaron.

“He visto casos así, y el caso de este alumno me impactó mucho. Un riesgo grande es que las personas que son acusadas en redes sociales se empiezan a aislar y ése es un riesgo muy grande, porque ya no importa si la acusación es cierta o falsa, eso ya pasó a segundo plano. Entonces si vemos que hay una persona que no quiere salir, no ingresa a un computador, podemos darnos cuenta de que algo está pasando”.

La sicóloga también planteó que se debe dejar de normalizar este tipo de situaciones, “porque no corresponde acusar a alguien de un delito sin prueba alguna”.

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