Ciudad

Vecinos se unen para que anciana enferma y sin familia se vaya a un hogar

Por: Ximena Valenzuela | 01 de Septiembre 2017
Fotografía: Carolina Echagüe M.

“Tengo miedo de abrir la puerta, creo que van a ser los Carabineros que van a venir a decirme que debo dejar la casa y me van a echar a la calle con mis perritas”, confiesa entre lágrimas María Herrera.

La anciana de 82 años, que actualmente permanece en una añosa casa ubicada en calle Orompello, entre Cochrane y San Martín, la misma donde llegó a trabajar siendo una niña, no cuenta con familiares que la puedan llevar con ellos y se ha aferrado a sobrevivir con sus canes, Selva y Sara, motivo que le ha hecho perder la posibilidad de trasladarse a instalaciones adecuadas, como el Hogar de las Hermanitas de los Pobres.

“Es un lugar muy bonito, con dormitorios limpiecitos y hasta con baño individual. La otra vez quisieron que me fuera, pero dónde iba a dejar a mis perritas, se iban a morir de pena solas, por eso no acepté, pero ahora me están consiguiendo llevárselas a un canil y a mi al hogar, sé que será mejor, pero me da pena porque siento que ellas y yo viviremos enjauladas, sin posibilidad de salir y ver gente”.

Felipe, uno de sus vecinos que prefiere mantener el anonimato, aseguró que está gestionando que la próxima semana una de las perras, Selva, sea trasladada a un canil en Chiguayante y, que en ese momento, María Herrera comience a ir al hogar de lunes a viernes, durante un par de horas, para ver si se aclimata al lugar. “Si todo resulta bien y decide irse, en ese momento, trasladaremos a la otra perrita al canil. Los perros son su mayor preocupación”, dijo.

Pero esta no es la primera oportunidad que se le da para recibir la ayuda del Hogar Hermanitas de los Pobres. La abogada, Andrea Retamal, que conoció a María Herrera hace muchos años cuando la ahora octogenaria recolectaba cartones, comentó que en julio tenía todo listo para su ingreso al hogar, pero que ella se negó por no dejar a sus perros. “Conozco a María hace muchos años y, lamentablemente, es muy tozuda y se niega a dejarlos, sin pensar en su salud. Ella no puede estar sola en esa casa, que tiene muchos problemas estructurales, sino también porque está en malas condiciones de salud; no sólo tiene artrosis, sino también un prolapso que no es operable”, comentó.

La abogada no sólo la ha llevado al médico, sino que también buscando evitar que quedara sin casa cuando murió la dueña, Nora Navarro, en 2015, arrendó la propiedad por 200 mil anual, monto que ella misma cancela. “El nuevo dueño accedió a arrendarme el inmueble para que María no quedara sin casa (…) Volveré a hablar con él para que me dé un plazo mayor, ojalá de un mes por año, de tal manera de lograr que María se vaya a un hogar”.

Tanto los vecinos como la abogada esperan que María Herrera entienda que lo mejor para ella es trasladarse a una residencia donde pueda recibir cuidados profesionales, pero temen que nuevamente rechace el cupo. “Ese hogar fue creado por la madre Teresa de Calcuta, especialmente, pensado para quienes no tienen nada; ese fue mi principal planteamiento para que la aceptaran, todo estaba listo y ella dijo que no. Temo que eso ocurra de nuevo”, insistió la abogado.

Cabe destacar que la casona, ubicada en Orompello 218 a la que llegó a los tres años, no cumple con las condiciones necesarias para vivir, pues sus techos están rotos, la lluvia se escurre por las paredes, sus pisos tiene forados que muchas veces la han hecho caer y cuenta con más de 10 habitaciones llenas de cajas apiladas que colaboran en la proliferación de ratones y humedad.

Por ello, tanto Retamal como su vecino Felipe, esperan conseguir un nuevo cupo para María y con ello, lograr que pase sus últimos años en condiciones dignas.

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