Ciudad

La infancia en Concepción (1900-1922): El Reformatorio de Niños

Por: Diario Concepción | 12 de Agosto 2017
Fotografía: Archivo Fotografico Alejandro Mihovilovich

Prof. Laura Benedetti Reiman
Académica del Departamento de Historia de la Universidad de Concepción
Subdirectora del Programa de Investigación Histórica en Estudios Regionales. benedettidev@gmail.com

La presencia de niños en las calles de Concepción fue un fenómeno que se agudizó desde 1849, como consecuencia de las migraciones del campo a la ciudad. Durante el siglo XIX la presencia de éstos recorriendo calles, jugando a las chapitas, al trompo o pidiendo un “ […] cinquito para pan […]” constituyó una realidad molesta e incómoda para una ciudad que evidenciaba un progreso material importante. Al problema de niños en los espacios públicos se sumó el de infantes abandonados; para éstos la solución provino -en el caso de lactantes- desde el Cabildo y la Junta de Beneficencia, contratando nodrizas para el cuidado de éstos y luego materializado en la construcción del Hospicio y Casa de huérfanos durante el siglo XIX.

Con el inicio del siglo XX nuevas instituciones se organizaron para el cuidado de los “ […] niños menesterosos […]: La Sociedad Protectora de la Infancia ( 1902), liderado por Leonor Mascayano, el Asilo de Infancia (sección del Hospicio) y La Gota de Leche institución que inició sus funciones en 1914, a la que posteriormente se sumó la sección del mismo nombre dependiente de la Sociedad Protectora de la Infancia en 1928; la infancia fue un foco central de las preocupaciones de la élite, de los médicos y de la sociedad frente a la problemática de la cuestión social y los niveles de mortalidad infantil.

A pesar de este espíritu de preocupación por la infancia, un grupo de niños no figuraba como objeto del auxilio que la sociedad: los denominados “niños delincuentes”, protagonistas de titulares como “[…] niño que promete […], ladrón precoz” y otros similares. Si bien es cierto hacia 1906 se abrió una escuela correccional en Concepción, ésta fue cerrada en 1915 y y la población trasladada al patio especial de la Cárcel de Concepción.

Allí, invisibilizados ante la sociedad, debieron esperar hasta 1921 para que fuesen objeto de reflexión y auxilio: la opinión pública nacional daba cuenta del divorcio entre el código penal y las concepciones científicas y modernas en el trato de la infancia delincuente; de forma complementaria a esto, surgió en la ciudad el proyecto de creación de albergues en las comisarías, como una mecanismo de evitar el ingreso de los menores a la cárcel pública, espacio obscuro, degenerado, “…para completar en perversión y extravío de criterio moral a los que ya han delinquido…”; la idea del albergue -que en definitiva era un reformatorio infantil– contó con la simpatía de la sociedad: colectas, bailes kermeses, permitieron la habilitación de un espacio inaugurado el 21 de junio 1922 en la 1° Comisaría de Concepción, siendo su primer director Víctor Feliú. La apertura y dotación del recinto fue consecuencia directa de las generosas donaciones de la comunidad penquista.

Los habitantes del primer reformatorio en la ciudad no superaron a diez, todos trasladados desde la cárcel pública, con edades entre los 6 y 16 años, “…dos son verdaderas guaguas…”, comentaba la nota informativa del traslado.

Con el convencimiento férreo por parte de las autoridades que a través de la educación y el trabajo los niños podrían regenerarse de su pasado delictual, consecuencia directa -en la mirada de la época- del abandono de sus padres. Sometidos a una rutina diaria de ejercicios, la prensa detalló semanalmente el funcionamiento de la institución: clases y las labores de zapatería de los asilados, las visitas recibidas y el valioso apoyo de la comunidad hacia éstos: el visitador de escuelas, alumnos y directores de escuelas públicas, alumnas de la Escuela Normal de la ciudad, destinaron tiempo y recursos en atender las necesidades de los pequeños y jóvenes habitantes del reformatorio. Esta fue en esencia un espacio de regeneración nacido del sentir de la comunidad penquista y mantenido -económicamente- por ésta.

Archivo Fotografico Alejandro Mihovilovich

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