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Reinserción Social: la emotiva historia de un hombre que logró enmendar su vida

Por: César Herrera | 31 de Julio 2017
Fotografía: César Herrera V.

Las personas que viven en situación de calle deben de lidiar a diario con los prejuicios que durante años los han marginado. Sin embargo, esta condición no es permanente. Así lo demuestra Claudio Súarez Lillo, un hombre que tras vivir más de 30 años entre adicciones y delitos pudo retomar el camino.

A sus 44 años, Claudio es comerciante ambulante, vive en una residencia compartida y tiene esperanzas de que su futuro será próspero. Esta realidad, que no dista de lo que viven millones de chilenos, la consiguió tras pelear contra sus propios demonios, los que en más de una ocasión pudieron quitarle la vida.

Infancia violenta

Súarez fue criado en un sector próximo a La Legua, Santiago. Su familia, administraba una botillería, lo que generó una gran curiosidad de parte del pequeño hacia esa bebida. A los 10 años, Claudio comenzó a probar las bebidas sobrantes de los vasos que los adultos de su casa consumían, sin medir que iniciaba un camino que duraría más de 3 décadas.

A los 12 años, la muerte de su abuela, y los violentos métodos de enseñanza permitidos en la época generaron una rebeldía incontenible en él, la que lo llevó a residir en las calles de la capital del país. Ahí probó pastillas, marihuana, pasta base, y continuó un consumo desmedido de alcohol.

Para sobrevivir, Claudio se agrupó con otros menores con el fin de robar. No obstante, esta decisión lo llevó en más de una ocasión a casas de menores de donde al poco tiempo escapaba. “Aunque andaba en la calle siempre tenía plata porque robaba para darme los gustos que no me daba mi mamá”, detalla.

Salida y retorno de la calle

Con los años, Suárez no cambió su estilo de vida. Robar para obtener lo que necesitaba era el método que conocía y que le acomodaba. Desde pequeño tomaba cosas de los supermercados sin pagar, sólo por la adrenalina que le provocaba.

Ya en la calle, pasó su adolescencia y primeros años de adultez entre un ir y venir de centros penitenciarios. No obstante, el nacimiento de su pequeña hija, Melani, cambió su vida.

La crianza de la pequeña motivó a Claudio a optar por un estilo de vida más estable junto a su nueva familia, por lo que durante 5 años se estableció en una casa en la comuna de San Antonio.

Si bien, el amor hacia sus dos mujeres motivó a Suárez a tener un entorno más tranquilo, los viejos fantasmas lo seguían rondando. “Yo igual mantenía mi casa, a mi señora, pero hacía casi nada de vida familiar porque me la pasaba afuera tratando de robarme algo para tener plata, porque si no lo hacía no teníamos”, detalló.

Además de continuar en el mundo del delito, Claudio siguió con el consumo de drogas y alcohol, lo que finalmente destruyó su familia. “Siempre fui muy alterado, tuve problemas por delinquir, robaba para darles de comer”, comenta mientras reflexiona sobre lo que vivió.

En un tono más reflexivo, el reformado hombre señala: “Desaprovechas muchas cosas cuando estás sumergido en las drogas y el alcohol, desprecias muchas cosas que te engrandecen el corazón”, a lo que agregó: “Tuve una estabilidad que no supe valorar, no supe valorar a mi familia, a mi hija”.

Actualmente la pequeña tiene 14 años, y para desgracia de Claudio, no quiere saber nada de él. “Mi hija todavía está traumada por los escándalos que hacía yo”, confiesa.

Tras ver el rechazo de su familia, el hombre decidió regresar a donde ha pasado los últimos años: la calle.

Relación con su madre

Cuando Claudio optó por vivir en la calle, su madre fue la primera en quebrarse y suplicarle que regresara a casa. “Mi mamá lloraba desesperada, quería que volviera pero no me gustaban las cosas que pasaban en mi casa y tampoco me gustaba que me pegaran”, revela.

Con el pasar de los años, fue ella quien lo iba a visitar tanto a los centros de menores, centros penitenciarios, incluso a los lugares de la calle donde solía pernoctar. Según relata, su madre incluso le llevaba provisiones y recursos para que tuviera un mejor vivir.

Comenzar de cero

Solo, sin un lugar donde residir, y con varias adicciones en el cuerpo, Claudio no veía con optimismo su futuro. Las cosas no estaban saliendo bien y los años pasaban sin un destino claro más que la muerte. “Yo pensaba que nunca iba a salir del alcohol y de la calle”, reveló Suárez.

La inquietud por un cambio lo llevó a acudir donde su madre, quien le prestó dinero para viajar a Concepción. La idea de ambos era que una vez en la capital regional, él pudiera reinventar su vida.

En Concepción, Claudio continuó con el consumo de alcohol y drogas durante 4 meses, tiempo en el que pernoctó en el centro de acogida del Hogar de Cristo. Sin embargo, una noche lo castigaron en la residencia por saltar la cerca en estado de ebriedad cerca de las 03:00 horas. La sanción generó que durante un mes no pudiera dormir en el lugar, lo que a su criterio “fue el mejor castigo de mi vida”.

Era un crudo invierno, detalla. A pesar de conocer las calles de la ciudad las bajas temperaturas y la humedad complicaban su sobrevivencia. Un día Claudio se consiguió un forro plástico para cubrirse, compró una botella de ron, y se tumbó a beber. En ese instante, supo que necesitaba un cambio urgente, un giro en su vida que de le entregara un motivo para continuar.

Me puse a tomar ron y le pedí a Dios con todo mi corazón que si estaba ahí que me ayudara”, comentó con una sonrisa en su rostro.

Tras esa noche, Claudio sintió que Dios le había dado una nueva oportunidad. Las puertas podrían abrirse nuevamente para él.

Su próximo objetivo fue comenzar un tratamiento con pellet para combatir su alcoholismo. Esto lo llevó de regreso al Hogar de Cristo donde lo contuvieron durante 3 días sin consumir alcohol, quienes luego lo derivaron hasta el servicio de salud público para iniciar el proceso.

Desde que me puse el primer pellet ya no he bebido nada de alcohol ni he consumido nada de droga”, revela Claudio.

Aquel momento marcó un antes y un después en su vida. En este instante el hombre que durante años había delinquido decidió trabajar. Partió vendiendo parches y pañuelos desechables, luego fue acomodador de autos en recintos comerciales, e incluso, durante su estadía en la Residencia Roberto Paz, perteneciente a la corporación Catim, estudió para tener herramientas profesionales para su futuro.

La carrera elegida fue albañilería, oficio que desarrolló por un tiempo, pero que por su carácter prefirió abandonar. “Me gusta a mi manejar mis tiempos”, confesó.

Sobriedad y futuro

Tras llevar 7 años sobrio, Claudio mantiene una relación estable con su pareja y un trabajo que le permite arrendar un espacio propio.

De a poco, este hombre que batalló contra la muerte en más de una ocasión, rehace su vida. Sus próximas metas son poder tener una casa donde recibir a su madre, a la que hace poco tiempo pidió perdón. “Me siento perdonado por ella”, revela.

Asimismo, espera pronto poder retomar la comunicación con su hija, lo que si bien ve complicado, confía en que Dios le dará la oportunidad.

No le encontraba gusto a la vida sin alcohol y sin drogas, pero ahora tener la tranquilidad de tener limpia mi mente, mi cuerpo, mi alma, es hermoso”, sentenció Claudio.

 

¿Cómo entendemos la Reinserción Social?

Entendemos la Reinserción Social como la integración plena a la sociedad de una persona que ha infringido la ley.

Para lograr este objetivo se requiere una política de Estado intersectorial, altamente especializada capaz de hacer dialogar los intereses y objetivos del sistema de justicia criminal, los de la sociedad civil y los de seguridad pública. Lo anterior mediante prestaciones en las siguientes áreas: intervención especializada individual,  educación, trabajo, salud física y mental, familiar, vivienda y otras.

Junto con los criterios técnicos, el derecho internacional a través de instrumentos que han sido suscritos por Chile, ha establecido los alcances y énfasis que deben guiar a los estados en el desarrollo de políticas penitenciarias con miras a la reinserción social.

¿Cómo se concreta?

A través de equipos multidisciplinarios e intersectoriales que trabajan con jóvenes y adultos, en Gendarmería de Chile y en el Servicio Nacional de Menores, ambos servicios dependientes del Ministerio de Justicia y en redes con otros servicios públicos que otorgan prestaciones en distintas materias como salud, educación empleo, capacitación, entre otros.

Los programas Reinserción Social se diseñan en el Ministerio de Justicia en conjunto con los servicios dependientes.

Desde el 2009 se ha convocado al sector privado, quienes mediante diversas iniciativas se han incorporado al trabajo por la inserción laboral, de tal manera que exista una concordancia entre las necesidades productivas y la calificación de los trabajadores, lo que significa generar altas probabilidades que los participantes sean contratados.

Igualmente diversas programas de organismos del Estado, como el SENCE, de Desarrollo Social, FOSIS han fijado sus prioridades para extender sus iniciativas en torno a la capacitación de jóvenes y adultos privados de libertad o cumpliendo condena en otras sistemas con el propósito de ampliar las posibilidades de capacitación y así dotarles de mejores herramientas para incorporarse al trabajo.

Redes y alianzas de trabajo

En los procesos de reinserción social es de vital importancia que se involucren distintos actores de la vida en sociedad. Es por eso que las alianzas público-privadas, son necesarias para cumplir con el éxito y las expectativas que cada uno ha definido al participar del Proyecto de Reinserción Social.

Fuente: Ministerio de Justicia

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