Ciudad

La dicotomía entre conservar y transformar el patrimonio local

Por: Ximena Valenzuela | 31 de Mayo 2017
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Los actores locales deben ser, a juicio del arquitecto franco canadiense, quienes definan cómo se transformará la ciudad. Afirmó que la identidad es vital para determinar si un inmueble seguirá con su uso inicial o cambiará.

El Mercado Central de Concepción y el Teatro Enrique Molina son sólo algunos de los edificios penquistas considerados como patrimoniales, que aún no tienen una definición certera sobre cuál será su futuro: recuperar lo existente buscando conservarlo, o bien, si la meta será transformarlos para darles un nuevo uso para la comunidad.

Para el arquitecto Mathieu Dormaels, especialista en patrimonio de la Universidad de Quebec, Canadá, que dictó recientemente en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Concepción la clase magistral “¿Conservar o Transformar? El rol del Patrimonio Urbano en la Sociedad Globalizada”,  donde afirma que la cuestión no es sólo conservar o transformar, sino definir qué conservaremos o qué será mejor cambiar.

“Conservar o transformar son dos polos muy extremos entre los que oscila la discusión, conservar sin tocar nada, o transformar sin conservar. La  idea es plantear el patrimonio urbano entre esos dos polos, generando una negociación que corresponde a cada comunidad y donde se pueda encontrar un equilibrio entre lo que es representativo de la identidad colectiva de la comunidad y las necesidades modernas, la calidad de vida”.

A su juicio, el Mercado Central de Concepción podría ser  un ejemplo de esta negociación, ya que, a pesar de haberse quemado, aún quedan partes de una estructura que es significante para la comunidad. “A partir de eso, todos los actores deben sentarse a conversar para lograr un equilibrio”.

Estimó que quizás es una buena alternativa en el caso del Mercado Central penquista, pensar en otros mercados a nivel mundial, ver qué otras necesidades se pueden tomar, incluyendo expresiones artísticas que den un vuelco al uso que la comunidad hace del espacio y, que lo mismo sucedería con el Teatro Enrique Mina si se sentaran a pensar en el patrimonio y uso, con su misma función u otra.

“La gente debe pensar que conservar el patrimonio es muy caro, pero también destruir algo para construir algo nuevo cuesta muchas veces más por eso el argumento económico es muy parcial. Las intervenciones tienen que tener una mirada amplia para vivir la ciudad”, manifestó.

Afirmó que los proyectos sí o sí contarán con recursos si son buenos  para la comunidad en general, eso si no existen partes implicadas que no estén muy convencidas sobre el trabajo que se hará. Reconoció que en todas partes el financiamiento público para el patrimonio es cada vez más escaso, lo que puede ser un problema, o bien, constituirse en una oportunidad porque  al convocar a la ciudadanía y patrocinadores privados es también una forma de concretarlo y que todos contribuyan en su escala.

“El Estado siempre va a tener algo que decir y aportar porque todas las decisiones influirán en el desarrollo local, planificación y regulaciones urbanas. El hecho que una  entidad no financie una obra no significa que se aleje”, comentó.

Dormaels afirmó que el patrimonio es vital porque es un elemento de: regulación de la ciudad, legitimación de comunidades, definición de la identidad colectiva de qué somos, de dónde vinimos, qué queremos como comunidad y es una herramienta para expresar  los deseos a futuro que tenemos para la comunidad y el entorno urbano, pero por sobre todo es un instrumento de negociación.

“No puede conservarse totalmente y no puede transformarse totalmente porque en cada caso, según lo que queremos expresar de nuestra identidad y de la ciudad es una negociación en equilibrio. Uno no puede pretender que un barrio se quede tal cual sin evolución y que la gente no pueda cambiar nada. No es posible, tampoco podemos destruir y olvidar todo. La cuestión no es conservar o transformar, sino definir qué conservaremos, qué será mejor.

Un buen ejemplo chileno de lo que se logra transformando un espacio patrimonial es, según Dormaels, la Estación Mapocho de Santiago, pues se logró rescatar el patrimonio ferroviario y convertirlo en un gran centro cultural que es visitado por muchas personas.

Recalcó que la clave del éxito de todo proyecto está en representar a los actores locales y la identidad local, pues muchos de los trabajos que se realizan parten desde el interés de la comunidad, lo que genera lugares vivos, con alma, que están continuamente ocupados como es el caso del Campus de la Universidad de Concepción, declarado Monumento Histórico Nacional. “Recorrí un poco, me pareció que es un lugar muy bien conservado, sin grandes necesidades o peligros. Me impresionó mucho el campus, me pareció bonito, el uso que se le da es óptimo, es un lugar vivo y eso es lo que queremos en patrimonio, esa es una de las claves”.

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