Ciudad

Primera escuela hospitalaria de Latinoamérica cumple 57 años

Por: Tania Merino | 25 de Mayo 2017
Fotografía: Romilio Pasmiño

El establecimiento presente en el Hospital Regional, permite a los niños dar continuidad a sus estudios, al mismo tiempo que sirve de apoyo anímico para aquellos con condiciones más severas.

Recién cuarenta años después de la creación de la escuela Hospital, el Ministerio de Educación  asumió de manera formal, a través de su unidad de Educación Especial, la responsabilidad de la enseñanza hospitalaria.

El impacto que tuvo la creación del establecimiento intrahospitalario  de Concepción, el primero en su tipo en Latinoamérica y que ayer cumplió 57 años, fue de tal magnitud que no sólo obligó a la secretaría de Estado a repensar políticas públicas, sino que además, llevó a distintos centros asistenciales del país a replicar su modelo, a tal punto que hoy existe cerca de medio centenar de estos establecimientos. “La escuela hospital es la más antigua de Chile y Latinoamérica y somos un modelo a nivel país”, destaca la directora Guisselle Reyes.

Y no sólo en Chile, desde todo el cono sur americano diversos centros hospitalarios tomaron también el ejemplo.

 

Larga historia

Surgió como la escuela 82, asentada en el ex hospital Leonor Mascayano, hasta que en 2008 un comodato entre el Servicio de Salud Concepción y el municipio penquista permitió ampliar la infraestructura de la que hoy se conoce como escuela G-545.

Actualmente cuenta con siete profesoras y una asistente de educación y  a partir de este año  integró además talleres artísticos, a través  del Consejo de la Cultura y las Artes, que son realizados a niños de las unidades de Cirugía Infantil, Medicina Interna, Oncología, Quemados y pacientes crónicos y ambulatorios que requieren Diálisis.

Alumnos como el pequeño Sebastián Mendoza, de 13 años, quien desde los nueve asiste a la G-545 afectado de artritis. “Ha sido bueno poder venir a la escuela”, dice mientras come de la torta que conmemora el aniversario. O como Renata Osben, de ocho, quien desde hace unos meses es parte de la matrícula del establecimiento. “Me gusta”, dice tímida.

Su padre, Leonardo Osbén, sin embargo, da un poco más de luces de lo que ha sido la experiencia. La enfermedad dijo “de un día para otro fue un golpe, para ella también, en lo académico echaba de menos su curso, su escuela, sus compañeros y se dio cuenta de que podía continuar, aunque de manera diferente. Fue muy acertada esta decisión”, destaca el apoderado.

 

Apoyo y enseñanza

El sistema se adapta a la condición de cada uno de los niños, por ejemplo, en el caso de Renata, hay ocasiones en que la quimioterapia le impide asistir a las aulas, en otros casos, los chicos tienen situaciones de depresión anímica que obliga a los profesores a salir de la rutina y priorizar otras experiencias como el dibujo o los juegos.

La matrícula de la escuela se divide entre alumnos en tránsito y permanentes, los primeros son aquellos que tienen hospitalizaciones cortas y que el número fluctúa diariamente, entre 10 a 12 niños,  en tanto los permanentes, es decir, que acuden por períodos prolongados, son 20.

Por el establecimientos han pasado muchos niños, dice la directora, “que han tenido la oportunidad de educarse y que todos los días más de alguno nos pasa a visitar porque ya están en la enseñanza media o son profesionales, pero también hay niños que han cumplido su etapa de vida y sé que desde alguna parte nos están acompañando y son parte de la historia de los 57 años de la escuela”.

Para el alcalde Álvaro Ortiz la escuela se anticipó a todas las políticas públicas de la época pues la enseñanza intrahospitalaria “no estaba en ningún documento de los Derechos del Niño ni en la Unicef, pero ahora sí lo está y nos alegramos por eso”.

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