Carta al director

Autogolpe de Estado

Por: Diario Concepción | 10 de Septiembre 2017

Señor Director:

Visto los últimos acontecimientos ocurridos en Venezuela, con la toma de poder por un asalto al Estado, por un autogolpe de Estado que ha propinado y declarado el señor Maduro, más la horrible y despiadada represión y violencia contra los ciudadanos; más de cien muertos, detenciones arbitrarias y abusivas, palizas deschavetadas de policías y grupos paramilitares contra la población civil, hambre, miseria económica, y un largo etcétera indeseable y difícil de narrar, hacen que sienta vergüenza de este gobierno y del parlamento que tenemos en nuestro país.

Quizás no recuerden que ese hermoso país nos ha dado, sin pedir nada cambio, su hospitalidad generosa; tantos chilenos “progresistas” que fueron exiliados en tiempos de la dictadura militar que gobernó nuestro país, de modo cruel y totalitario. Acaso se han olvidado de su propia historia, de sus propios pesares, de cómo ese pueblo y gobierno los acogió, tendiéndoles la mano cuando más lo necesitaban. Y la centro derecha, que se ha llenado la boca con su cizaña permanente contra el ahora dictador Maduro, ¿nada más pueden hacer?, o será que lo piensan utilizar en las próximas campañas políticas por venir esta crisis humanitaria que se vive en Venezuela. Por último, no existe un ministro de cultura en este país, un tal señor Ottone, no tiene suficiente memoria, no ha recordado que de ese país vino el notable Andrés Bello, que se hizo chileno, uno de los padres de nuestra patria tal cual la conocemos, no solo por el código civil, sino por su inmenso aporte a las humanidades, acaso no es deshonrar a la patria no decir ni una palabra en favor de ese país, de ese pueblo, de esa cultura que ha ayudado a construir nuestra propia cultura nacional.

Qué van a decir cuando por fin retorne la democracia en Venezuela, y se sepa quién era este señor Maduro, o el ominoso señor Cabello, cuando se conozca el tipo de persona que gobernó ese entrañable país, existirá suficiente agua, me pregunto yo, para lavar esas manos.

 

Mauricio de Gilbert

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