Carta al director

Calle Crepino

Por: Diario Concepción | 03 de Septiembre 2017

 

En el canto XX del libro La Araucana, de don Alonso de Ercilla, se relata la historia de la infortunada Tegualda. En uno de los versos escribe ”Yo soy Tegualda, hija desdichada / del cacique Brancol desventurado, / de muchos por hermosa en vano amada, / libre un tiempo de amor y de cuidado; / pero muy presto la fortuna airada / de ver mi libertad y alegre estado / turbó de tal manera mi alegría, / que al fin muero del mal que no temía”.

El relato del canto XX nos indica que en la noche de la batalla del fuerte de Penco (7 de Septiembre de 1557), hallándose don Alonso de Ercilla de guardia en la noche después del combate y encontrándose en el campo de batalla un sin número de Mapuches y Españoles muertos, notó en la espesura el movimiento de una persona que recorría el campo, puesto en alerta tomó su espada y concurrió al lugar y allí encontró a Tegualda, quien solicita clemencia y tan solo pide que permita encontrar el cuerpo de su esposo Crepino, con el cual hace un mes contrajo matrimonio después de rechazar a muchos, y que su intención es dar sepultura a su amado para que no sea consumido por las bestias salvajes y los pájaros. Conmovido don Alonso la lleva hasta el lugar de su vigilia y nos relata en este canto de la Araucana las desdichas de Tegualda, quien en tan corto tiempo encontró y perdió el amor de su vida. El episodio de Tegualda y Ercilla ha sido objeto de estudio y de crítica, ya que la narración más parece de la imaginación de Ercilla que de la realidad misma.

El relato es una mezcla de códigos caballerescos que reduce el cortejo del amante Crepino y Tegualda, donde el extranjero pretendiente en un acto ejemplar de caballería medieval ofrece ponerse al servicio de la dama. Al parecer la pretensión de Ercilla es generar una crítica a las políticas americanas empleadas por España en la conquista, desaprobando de alguna manera las prácticas represivas y de exterminio de los conquistadores, utilizando este encuentro entre un soldado español y una indígena araucana, que resuelven mediante el entendimiento y respeto mutuo una historia donde prevalece el genocidio.

Crepino, marido de Tegualda, un extranjero participante entre las fuerzas mapuches que ataca el fuerte de Penco y muere en su intento, Ercilla lo describe como “gallardo mozo bien dispuesto del vestido verde y encarnado” que se ofrece en disputar la mano de Tegualda en lucha sin cuartel con el indio Mareguano, también pretendiente de Tegualda quien una y otra vez lo desafía perdiendo todos los encuentros, y resignándose por último a su suerte. La muerte de Crepino y la desgracia caída sobre Tegualda, hace que Ercilla compare en su verso a la princesa mapuche con la fama de “Judith, Camila, la fenicia Dido / a quien Virgilio injustamente infama / Penélope, Lucrecia, que al marido / lavó con sangre la violada cama / Hipo, Tucia, Virginia, Fulvia, Clelia / Porcia, Sulpicia, Alcestes y Cornelia”.

Hoy una calle del Barrio Collao, Tegualda, al final de su recorrido hacia el cerro, colinda con la calle Crepino uniendo al fin dos corazones que perdieron en el fragor de la guerra de Arauco, luego de un mes de feliz matrimonio, su destino.

 

Alejandro Mihovilovich Gratz
Profesor de Historia y Geografía
Investigador del Archivo Histórico de Concepción

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