Carta al director

Renovación política y Frente Amplio

Por: Diario Concepción | 24 de Agosto 2017

La racionalidad, la reflexión y la mesura son elementos indispensables a la hora de hacer un análisis riguroso y ecuánime de algún suceso político de relevancia. Sorprende la liviandad y frivolidad con que se opina acerca de algún proyecto político o de situaciones graves acaecida a alguna agrupación política. Son sabidos los casos en que políticos han suscrito un programa de gobierno o algún proyecto, sin haberlo leído siquiera. Y a la espera de la tan anhelada renovación de la política, la ciudadanía asiste cada cierto tiempo a situaciones que van en el camino contrario. Tal es la realidad acontecida con el FA a propósito de la decisión de Alberto Mayol de postular a un cupo parlamentario por el Distrito 10.

Ha transcurrido el tiempo suficiente para hacer la reflexión adecuada de lo que aconteció en “el colectivo”. Han fijado posiciones sus principales representantes y se ha ocupado largas horas de diálogo tratando de desentrañar el significado de lo que ocurrió. Para los que seguimos de cerca los movimientos políticos, nada nuevo bajo el sol. Y ninguna agrupación política está en condiciones de rasgar vestiduras. Ya las Primarias mostraron en términos efectivos que el FA era más humo que fuego. No obstante, se ha esmerado en predicar que es diferente en la manera de hacer política.

El episodio que protagonizaron sus integrantes los ha desnudado y deja en evidencia que su estilo es similar a cualquier partido político. Ni ángeles ni demonios; tan sólo un grupo que está en el noviciado de la política. A pesar de las desafortunadas intervenciones de sus integrantes, en especial de su abanderada presidencial; de las decisiones contradictorias del “colectivo” y del doble estándar pedido a postulantes que tenían antecedentes por manejo en estado de ebriedad, el FA seguirá legítimamente en la vida política nacional. Sin embargo, la ciudadanía tiene conocimiento de lo acontecido y eso traerá consecuencias muy positivas para el país.

Les digo a mis estudiantes que mis décadas de vida y mis canas por sí mismas no significan mucho y eso reza también para la juventud.; se puede tener vino rancio en odres nuevos. Ya no escucharemos esos discursos añejos de miradas utópicas del pasado, ni la pretendida superioridad moral que esbozó a menudo el FA.

Uno de sus integrantes, quizá el más lúcido, ya cambió su discurso, ya es de futuro y en fin, se ha entendido la distinción entre una decisión política y una ética a propósito de la mirada revisionista que se tenía del periodo más exitoso desde la vuelta a la democracia. Quizá sí, se debiera acentuar que en nuestra cultura a partir de Aristóteles la política y la ética se distinguen teorética y epistémicamente pero se unen en la praxis. Y lo que la ciudadanía espera ver es precisamente acciones derivadas de esa unión.

Salvador Lanas Hidalgo
Director académico Escuela de Liderazgo
Universidad San Sebastián

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