Carta al director

Ley 20.922

Por: Diario Concepción | 02 de Agosto 2017

Señor Director:

Sin duda alguna, una de las principales iniciativas “estimuladas” por esta reforma a la normativa municipal (ley 20.922) es la posibilidad de crear las unidades que estimen necesarias para su funcionamiento, pudiendo asignarle funciones, o para decirlo de otra manera, la orgánica interna de los municipios  podrán ser reestructuradas según sus realidades, creando nuevas Unidades, Departamentos, con el personal de planta correspondiente para poder liderar dichas áreas  ya que los Alcaldes, a través de un reglamento municipal, podrán fijar o modificar las plantas del personal de las municipalidades, estableciendo el número de cargos para cada planta y fijar sus grados, con lo que se busca avanzar en la profesionalización de los equipos municipales.  Recordar que estas  estructuras  del año 1989 no sufren cambios de mayor  envergadura, lo cual tiene a muchos Municipios que han apostado por la modernización de su gestión bajo un fuerte liderazgo de sus Alcaldes y Alcaldesas a tener poco margen de acción, teniendo que actuar al límite de la legalidad.

Los Alcaldes, tienen la gran oportunidad de diseñar un municipio con una estructura que atienda y sintonice con las necesidades de la comuna, por ejemplo qué importancia tendrá para un municipio rural  diseñar y crear una Unidad de desarrollo rural o de desarrollo económico local, capaz de trabajar de manera eficiente y eficaz el potencial endógeno de sus territorios, y que no siguán transitando Alcaldes y/o Alcaldesas con buenas intenciones, pero sin programas de trabajo y siendo meramente ejecutores de políticas públicas del nivel central, sin iniciativa propia por no tener equipos robustos con funciones claras y presupuestos para financiarlos, o como ejemplo en la vereda de al frente las comunas urbanas, capitales regionales, donde las necesidades son distintas pudiendo diseñar una estructura interna moderna (e-municipios, digitales) que habrán espacio a la innovación, servicios de calidad (ISO), migración, participación ciudadana, con la transferencia de poder correspondiente  a la ciudadanía, pasando de una participación consultiva e informativa a una resolutiva de co-responsabilidad (cuidad construida entre todos y todas), creación de gerencias de emprendimiento e innovación, trabajando de forma directa en la puesta en marcha de co-work públicos, “gratuitos” (ecosistemas de innovación, creación y colaboración), incubadoras de proyectos, a través de las generación de alianzas estratégicas con las universidades,  en una sinergia permanente con todo ese capital social y humano que se funde y transita en los territorios comunales, o la creación de “observatorios comunales”.

 

Pablo Alonso Ibarra Ibarra

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