Carta al director

La Pera

Por: Diario Concepción | 30 de Julio 2017

Las crónicas penquistas dan cuenta que un 18 de septiembre de 1874 se realizó la inauguración, que puso en marcha el ferrocarril que conectaba con el norte a nuestra ciudad. El viaje inaugural, que cubriría la distancia de Concepción con Chillán, fue dramático, ya que un descarrilamiento, y una caída a un barranco de los carros que conducía la máquina, ocasionó cientos de víctimas, tiñíendo de luto lo que sería un gran adelanto para la ciudad.

No obstante la tragedia, la llegada del ferrocarril trajo una serie de otras obras a la ciudad, como la construcción de estaciones, la instalación de maestranzas, bodegas para el carbón, estanques de agua y un patio trasero de maniobras ubicado entre el Rio Biobío y el moderno y bello edificio de la estación que enfrentaba la calle comercio, hoy Barros Arana. Con el surgimiento de los astilleros y diques de Talcahuano, la industria del carbón y la inauguración de los ferrocarriles a Curanilahue, con el puente ferroviario que atravesó el Río Biobío en 1890, y el tramo costero a Penco inaugurado en 1891, y su proyección a Chillán, el patio de maniobras de la estación penquista, donde se armaban los convoyes de carros que luego arrastraban las locomotoras con destino a puertos y ciudades del interior, trayendo y llevando mercaderías y otras cargas, producto de la incipiente industria, se fue ampliando dentro de un reducido espacio.

La línea que venía de San Rosendo, giraba en el patio de la estación, a la altura de la actual Avenida Los Carrera hacia el Río Biobío y se devolvía bordeando la ribera del río para empalmar nuevamente con destino a San Rosendo. Al observar dentro de un plano, la forma del trayecto que ejecutaba dicha locomotora, se asemejaba a la imagen de una pera, nombre que tomó dicho recorrido ferroviario y posteriormente la calle que corría paralelamente a la línea férrea. Dentro del perímetro de esta curiosa forma de circunvalación quedaba el patio de maniobra de la estación penquista.

Con la elaboración de un nuevo plano regulador, que modificó total y absolutamente el uso de los edificios de la estación y del patio de maniobras, transformándolo en Intendencia y Parque Bicentenario, terminó con las antiguas instalaciones ferroviarias, quedando tan sólo una calle en forma de circunvalación que aún mantiene el nombre de La Pera, como reminiscencia de aquellos lejanos tiempos, en que el ferrocarril representaba lo más importante del desarrollo en materia de transporte, tanto para la carga como para los ciudadanos de nuestra región y el país.

Alejandro Mihovilovich Gratz
Profesor de Historia y Geografía
Investigador del Archivo Histórico de Concepción

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