Carta al director

El Retrato de Aurora: ¡Nobleza Obliga!

Por: Diario Concepción | 29 de Julio 2017

Esta historia comienza en la Pizzería “Bocinas” de Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina. ¿El año? Creo que el ´95. Habíamos salido de un ensayo del Coro Lírico Mar del Plata, eran como las diez de la noche, y “Bocinas” era una parada obligatoria para comernos una pizza y conversar, a veces hasta que el sol aparecía y nos mandaba a dormir. Pero esa noche, no salía ningún tema de conversación, mucho silencio, y Ricardo circunspecto. Se me ocurrió preguntarle si le pasaba algo. – No nada, solo me duele la cabeza.

A veces eso basta para no seguir preguntando, cuando uno es amigo, sabe, y sólo hay que acompañar el silencio. Terminamos de comer, cada uno para su casa.

Le comento lector que en esa época no existía WhatsApp, con suerte desde los celulares uno podía mandar unos mensajes muy cortitos.

El tema, que tipo tres de la mañana, suena el teléfono, era Ricardo. – ¿Te paso a buscar? Podemos ir a tomar un café. A esa hora, la Pizzería “Bocinas” nos volvía a tener de clientes. Y mientras esperábamos, Ricardo se sonaba los dedos y me dijo: ¡Nobleza Obliga! Cuando te dije que me dolía la cabeza no preguntaste nada y eso se agradece. El resto de la conversación no se la puedo contar, es una de las tantas historias que tenemos con “mi hermano de la vida”, pero imagínese que nos fuimos mucho después que el sol repuntaba en el Atlántico.

Y nuevamente lo dejo desconcertado con lo que le cuento. – ¿Qué tiene que ver una pizzería a más de tres mil kilómetros? Si usted (eso me diría Ud. Lector) escribe sobre la Aurora de Chile.

Déjeme decirle que tiene mucho que ver. Ricardo muchas de esas noches, entre ensayo y ensayo, escribía unas historias muy interesantes que alguna vez me dejó leer.

El viernes pasado, en la sede de la Junta de Vecinos de la Aurora de Chile, me pasó algo parecido. Entre la conversa de todo lo que nos queda por hacer, Manuel estaba ansioso de mostrarme algo en su celular. Empezó a llegar más gente, la conversación derivó para otro lado. Pero Manuel insistía en mostrarme lo que había escrito. Se sentó a mi lado, me pasó su celular, lo leí rápidamente, era un texto largo que merecía más tiempo de lectura. Le pedí que me lo mandara, para leerlo tranquilo.

Hace un par de semanas que lo vengo invitando a Ud. Lector, a que pase por la Aurora, la visite, saque una foto y me la mande. Manuel sacó una foto, pero de sus recuerdos, con sus palabras, con las emociones mezcladas de esta Aurora incierta. Como me dijo Ricardo: – ¡Nobleza Obliga! Les dejo un fragmento de la foto escrita por Manuel. Ahora no sólo la Aurora nos deja ver su cara, sino que nos regala su voz. ¡Hasta el próximo click!

“¡Hola Vecino! Sí a ti te hablo, Tú que vives al otro lado de la línea férrea. Desde calle Prat hacia arriba, hacia el centro de Concepción. Siéntate unos minutos y lee cuidadosamente esta humilde memoria que nace en la población Aurora de Chile. A lo mejor has escuchado del puente que se está construyendo por Chacabuco.  Algunos dicen que no lo dejamos pasar, otros que deben sacarnos, que hay mucha gente mala, que somos sinvergüenzas. Pues bien, es respetable, pero a veces cuando las cosas se ven de afuera son equivocas.

Llegué a la vida en 1962, mis padres arrendaban en calle Costanera, cerca de la escala que subía al puente. En 1963 ellos compraron una humilde mediagua por Andrés Bello que fueron mejorando con mucho esfuerzo, ya que mi padre tenía que mantener una mujer y su pequeño.  Y en los tiempos libres haciendo las ampliaciones para vivir mejor. Esa es la casa en la que vivo hasta hoy día.

Mi padre era carpintero, y siempre trabajó en la construcción, en cambio mi madre me cuidaba, pues yo era enfermo de asma hasta los 15 o 16 años cuando me recuperé de esta mala enfermedad. Como puedes ver mi infancia no fue muy alegre que digamos, veía a otros niños jugando a la pelota en la calle sin poderlo hacer yo.

Mis recuerdos van más allá, veía esas calles polvorientas en el verano donde niños y niñas eran felices con sus juguetes pelotas, muñecas, caballitos de madera, cajas de cartón para hacer casitas, triciclos, baldes para hacer tortitas de barro etc. También en sus calles barrosas de invierno, había diversión, se jugaba a las polquitas, “al ensarte” -se usaban clavos de 4 pulgadas ensartando en círculos dibujados en el barro- o bien esperando el pan amasado que hacían las mamas para la once. Escuchaba a los adultos cuando se contaban como arreglaban sus casas, o la gotera que no podían tapar.

Esa era mi Aurora, la de antes, cuando los vecinos que llegaron en el 900, de los campos, del norte o del sur, ya no importa de dónde, sólo que pisaron este lugar hostil con la esperanza de vivir mejor.

Luego de mejorar los terrenos a pulso con sus mujeres, haciéndole la guerra al río que en los inviernos entraba con furia, llegando incluso a la línea férrea. Poco a poco este río se fue encariñando con esta gente luchadora dejándoles hacer su trabajo: colonizar y vivir en algo propio.

¿Qué pasa?, ¿No me crees? ¡Qué lástima! pues estos colonos dejaron huella pues sus hijos y los hijos de ellos dan fe de esto. Como no recordar las grandes pérdidas humanas que hubo aquí, en mi Aurora, ya sea en la construcción del barrio, en el cruce de la línea férrea, en nuestra parte del río Bío Bío, en algunos incendios.

¿Cuántos de ellos murieron con la esperanza de ver su esfuerzo terminado?.  Pero aun así, mi Aurora con alegrías y penas siguió creciendo. El próximo sábado le cuento el resto de la historia. Manuel.”

 

Walter Blas

Texto invitado: Manuel Jorquera Inostroza

Etiquetas