Carta al director

Víctimas de machismo

Por: Diario Concepción | 26 de Julio 2017

La palabra machismo es muchas veces un arma arrojadiza, un adjetivo calificativo que se aplica a un varón algo maleducado con las mujeres, a un verdadero troglodita o a un femicida. No puede ser que la palabreja sirva para todo tipo de hombres independiente de los actos que cometan. Tampoco el machismo, en tanto “ismo”, es decir, un conjunto de ideas, vuelve sin más a sus portadores en machistas; sería pura magia pasar de las ideas a los hechos con un pase mágico. Un afiche en la universidad en donde trabajo dice con grandes y coloridas letras que el machismo mata. Así que machista es el que sostiene tales ideas y también el que agrede, incluso mortalmente, a las mujeres.

Entonces el vocablo machismo es como un smog que cubre el lado sórdido de la sociedad impidiendo saber quién hizo qué en contra de las mujeres, nítidamente. Porque no es más que un disimulo, puedo incluso endosárselo a otra mujer: “mi mamá me educó como un machista”, retorcidamente, como sostienen incluso mujeres feministas, la culpable es otra mujer, extremando, el femicida aprendió de su madre. Ello, por supuesto, es un absurdo.

Por lo tanto, hay que llamar las cosas por su nombre, pues cada ofensa tiene uno que es específico, agresor, es distinto de asesino y ambos son muy diferentes de un piropeador obsceno. Sólo de esta manera será más eficiente que por fin se haga realidad el “ni una menos”. Entonces la palabra machismo dejará de ser un vocablo enmascarador, total, “qué más da ser machista si yo no he matado a nadie” podrá decir el sujeto ramplón, pero el machista menor allana el camino al machista mayor, legitimando tales conductas, porque, finalmente, el machismo es un continuo de muchas acciones que reflejan la desvalorización en distintos grados de la mujer y lo femenino.

 

Rodrigo Larraín

Facultad de Ciencias Sociales, U. Central

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