Carta al director

Los Retratos de Aurora: El Gran Mirador

Por: Diario Concepción | 15 de Julio 2017

Pareciera ser que los días de lluvia además de limpiar el aire de polvo, despejan la mente. Las mañanas de los días jueves desde hace más de un mes para mí son todo un desafío. Es el momento donde me enfrento a una página en blanco y una foto y se me aparece su cara. Sí, la suya, la de usted lector que un sábado tempranito toma el diario y nos busca para saber una nueva copucha que Aurora le cuenta. Así mismo como nos queremos imaginar el rostro de Aurora y le buscamos perfiles, igualmente queremos dibujar el rostro de ustedes, los que dan sentido a lo que uno escribe.

Las páginas de un diario son ventanas al mundo, son pasajes que nos permiten transitar otras realidades paralelas, son soporte de lo que otros ven. Antes, mucho antes de la era virtual, para leer el diario había que tenerlo físicamente entre las manos o apoyado en una mesa de café para ojearlo. Ahora también convengamos que muchas veces sólo bastaba con elevar un poco la vista y leer del diario del otro con mucho disimulo. Hoy con sólo meter algunos datos en el navegador el diario aparece y se extraña la sensación del papel.

Alfredo Bioy Casares, escritor argentino del siglo XX, en su juventud era revisor de un diario, y se acostumbró a leer sus páginas con guantes. Según una entrevista que le escuché dar alguna vez decía: “Me daba cuenta que al terminar de leer el diario me quedaban los dedos negros por la tinta, de ahí empecé a usar guantes de tela para ojearlo, cosa que sigo haciendo todavía…”

Y usted lector me dirá ¿qué tiene que ver la lluvia, el diario y un escritor con este espacio que cuenta las historias de la Aurora? Mucho o nada, todo es relativo depende quien lo mire.

Mucho, ya que esta ventanita de veinte centímetros, nos permite conversar de otros tiempos, de los idos o los que están por venir. Y como les decía la lluvia fue el motor de esta nota.

A mí en lo particular la lluvia me gusta, me alegra, sé que trae nueva vida cuando entra en la tierra y uno la vuelve a saludar cuando cruza el río y la ve venir saltando en su cauce después de bajar cansada desde la cordillera. Pero el otro día la lluvia me molestaba, me golpeaba dura, me lastimaba la cara con cada gota. Bueno, en verdad no era la lluvia, era la situación que la lluvia cobijó.

En calle Lincoyán iba caminando cuando me saludan, me paran y me hablan. Me preguntan cómo andaba, como estaba Aurora, que había leído la nota en el diario de la semana pasada. Y yo incómodo, mojado, con ganas de seguir caminando y pensando que les podía contar esta semana, y este personaje me seguía hablando. De los proyectos, de un libro a fin de año, de la pasarela, y de las fotos de Aurora. Y yo, mojado, incómodo y con ganas de decirle que se callara.

Pero a uno de chiquito le enseñaron a ser respetuoso de las personas, así que puse la mejor sonrisa que la lluvia me podía permitir, lo saludé y me fui. Buscando poder de alguna manera amigarme nuevamente con la lluvia para seguir pensando que les iba a escribir hoy. Y de a ratos, me perturbaba la idea de que haya personas indolentes, insensibles, que hablan del otro como una cosa. Y más me molesta cuando se trata de alguien conocido y querido. Y que hablen de Aurora de una manera ligera me molesta, y mucho. Tal vez ese sea el motor de este espacio: la molestia, la inconsistencia del discurso, el sin respeto hacia el otro. Pero también creo que el motivo certero es poder conversar, discutir y exponer que hay una ciudad distinta que podemos vivir.

Una ciudad que nos permita disfrutar de los viejos, de sus historias y de su pasado que nos arma nuestro futuro. Se vienen tiempos muy tormentosos para Aurora. La lluvia le empieza a pegar más fuerte y quiere como desde hace mucho, borrar su nombre y lavar su memoria. Pero ella resiste. Así sensible como es, es también dura y aguerrida. Y resiste. Y le pelea al olvido, que al final nos termina olvidando a todos.

Por eso querido lector, los vuelvo a invitar a que un día, y si llueve mejor, se bajen en Esmeralda con Errázuriz, golpee alguna puerta. Da lo mismo cual golpee, en todas le va a abrir Aurora. Pase, dígale que le cuente, pare un momento de la vorágine que lo espera, y sienta. Va a ver como la lluvia es otra. Los ruidos de la ciudad son distintos y la gente es más amable. ¿Y la foto? Esa es otra historia. Se las dejo para que la miren, la disfruten y la busquen. ¡Eso! Cuando vaya a la Aurora, busque este lugar y nos manda una foto sacada por usted, le prometo que la mostramos. ¡Hasta el próximo click!

 

Walter Blas

Foto: Colectivo “Los Retratos de Aurora”

Facepage: @RetratoAurora

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